Volviendo al pasado

Volviendo al pasado

Foto:COL_EJERCITO

Una nueva masacre de gobernadora y Guardia Indígenas hace 12 días, 29 de octubre. Asesinato colectivo precedidos de asesinatos selectivos previos, y otros posteriores, de guardias y ex combatientes de las FARC en Cauca, constatan la naturalización de la doctrina militar como la única respuesta posible, ocultando la multiplicidad de daños irreparables a la vida e integridad, entre otros, los controles sociales, como parte de un plan de exterminio asociado al saqueo y control territorial, más allá de las disputas territoriales armadas.

La desgastada fórmula de militarizar continúa sin atender de fondo los problemas históricos y estructurales que han hecho lo que somos como país. El agravante hoy a es esa normalización del exterminio bajo la sombra de Él. El modelo de seguridad democrática ha fracasado. Ni siquiera asegura la inversión extranjera. Tampoco la estrategia mediática está resultando eficaz. La fuerza de seducción en redes sociales y su aprendiz, la locuaz, precandidata para suceder a Iván Duque, Paloma Valencia, María Cabal, siguen repitiéndose en miradas coloniales desde las que estigmatiza, discrimina y deslegitima a las comunidades y el pueblo Nasa, las comunidades negras y campesinas que reclaman tierras,a  los opositores, a los ambientalistas.

La dolorosa situación del Cauca es la expresión violenta del uso de las armas segando la vida, a diferencia de otras regiones del pacífico como Valle, Chocó y Nariño, o subregiones del Putumayo, donde se siega el alma. Allí, ese ejercicio de poder armado opera inoculando el terror sobre los pobladores, asegurando su silencio o su sometimiento. La ocupación es casi total de ese modelo de violencia en que las fuerzas militares son partícipes por omisión, por acción, por complicidad 

Enviar 2500 militares operando bajo la mentalidad de enemigos internos, es volver a lo mismo. Concibiendo a los procesos organizativos como parte de sus objetivos estratégicos. Así pueden asesinar a mansalva a Flower Trompetero, el 28 de octubre, sin ningún recato y con gran destreza mentir y ocultar una realidad de su responsabilidad. El honroso positivo contra la disidencia de las FARC, del 29 de agosto en Caquetá han develado en plenitud la lógica de esa mentalidad bárbara. Antes del bombardeo en Caquetá, oídos sordos a los informes de Defensoría del Pueblo y Personería municipal que advertían la necesidad de actuaciones preventivas frente al reclutamiento forzoso en las filas de una de las disidencias de las FARC. El deber de protección de ocho de los niños, allí muertos fue desconocido. Noticias Uno en un reporte de hoy indica que el número de víctimas niños alcanzaría a ser 18, pues los que sobrevivieron luego fueron enterrados. Estos hechos, al que se suma el asesinato de ex combatiente de Dimar Torres en abril pasado en Catatumbo, demuestra el plan militar milimétrico de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

Las operaciones previas de inteligencia antes del crimen pretenden asegurar la impunidad social y mediática a través de la ambientación negativa. Así se dice que los indígenas Nasa, tienen zonas vedadas a los militares, igual se afirma de las Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad, y Ecoaldeas de Paz en el Chocó. Así se percibe negativamente a los defensores, a los promotores de paz, a los ambientalistas, a los excombatientes.  En esa lógica de la inteligencia es la afirmación de que existen líderes, unos que son auténticos u otros que no, o simplemente radicales y otros plenos de sensatez. Luego viene la ejecución milimétrica, tratando de borrar pruebas, de negar en la misma consumación del hecho. Y de allí, consumado el daño pasamos al escenario mediático de la oficialización de la realidad. La grandilocuente rueda de prensa o los talleres comunitarios para presentar positivos afirmando el machismo alfa, el parte de victoria, y la recurrencia a desnaturalizar los conflictos armados usando la expresión GAO y legalidad. Todos a unos como fuente ovejuna ocultando, tergiversando o negando o justificando los resultados. Y, finalmente, las tardías reacciones de la Fiscalía General de la Nación, de la Procuraduría General de la Nación, como un consuelo de tontos.

La miopía del uribismo, el amor ciego a un caudillo, que hoy expresa a un sector del establecimiento  (iglesias, empresas, políticos) oculta las causas de la violencia y la exclusión. Así se está postergando la posibilidad de un reconocimiento de nuestra pluralidad étnica cultural, de la necesidad de la inclusión y de un proyecto de país justo en lo social y lo ambiental. 

Una básicas de decisiones de Estado de aplicación del Acuerdo con las FARC, como el de la tierra y la sustitución voluntaria y los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDTs, iniciarían un proceso para aclimatar los orígenes de nuevas violencias, sustentaría un proceso de diálogo con el ELN, y daría elementos para salidas a violencias heredadas del paramilitarismo y las nuevas criminalidades, y también, hay que empezar a señalarlo, la reingeniería frente a quiénes pactaron la paz y que hoy son llamados disidentes. Ese propósito está por lo pronto postergado con Él

Estamos en la vuelta atrás en lo militar alimentado por la política de seguridad democrática y o de la legalidad en medio de una evidente contaminación del tráfico de drogas en las propias fuerzas militares y policiales, que en casos funcionan como mercenarismo, a lo ilegal y a lo empresarial privado. Estamos en la expresión de una crisis que solo se resolverá en la sociedad que se sigue expresando en el ejercicio de un poder consciente y transformante, que afronta la vuelta atrás.