La ingenuidad cristiana ¿Tiene culpa por las consecuencias de este modelo de sociedad?

La ingenuidad cristiana ¿Tiene culpa por las consecuencias de este modelo de sociedad?
Con la medida que midan a los otros, los medirán a ustedes (Mateo 7,2)

Hay cristianos que no reconocemos los pecados personales, sociales y ambientales, mientras exigimos a los demás que no pequen o los criticamos por pecadores. 

Estimado

Hermano en la fe, Cristianos, cristianas, personas interesadas

Cordial saludo,

Te había escrito sobre cómo se configura nuestra mentalidad, manera de pensar, de ver y afrontar la vida, sobre la configuración de valores, conocimientos y creencias religiosas, políticas, sociales, culturales que recibimos del “ambiente” familiar, social y religioso, sin pensarlo y sin darnos cuenta; también sobre las formas como la sociedad maneja y dirige nuestros sentimientos, creencias y emociones para que veamos la realidad de acuerdo a los intereses, creencias y conveniencias de quienes la dirigen y se benefician política y económicamente de ella. Retomo estas ideas porque ayudan a  entender la ingenuidad cristiana.

Con el intercambio “epistolar” y la distancia de la cuarentena, la intensidad de las discusiones ha bajado y la calma ayuda a ver mejor el fondo de la realidad socio-económica y ambiental y que varios temas de discusión, las diferencias son pequeñas, el problema ha sido abordarlos desde una ideología, no reconocida ni asumida, que descalifica por malos y pecadores a quienes tienen una mirada diferente de lo político y religioso, sin analizar si tiene o no la razón.

Le puede interesar: El modelo socio-económico causante de la crisis, se dice creyente. ¿Será verdad?
Esto  hace gente religiosa y buena pero con una ideología ingenua.

La cuarentena está mostrando las dimensiones y la profundidad de la injusticia social y la degradación ambiental, con sus graves consecuencias: muerte, hambre, desnutrición, precariedad del sistema de salud, violencia política y social, corrupción, contaminación ambiental, desaparición de miles de espacies, el cambio climático…

La pandemia, ha hecho inocultable la perversión e insensatez del modelo socio-económico que rige el mundo y lo contradictorio de haber sido construido con la participación de gente buena y bien intencionada que se ha convertido en su víctima, apoyado por millones de cristianos, buenos pero ingenuos.

Lo más contradictorio es que millones de víctimas (empobrecidas y marginadas) por el sistema, lo defienden mientras padecen sus consecuencias.

Esta contradicción se entiende por el engaño y la manipulación de la sociedad por los medios del poder que le “muestran la realidad”, señalan problemas secundarios como centrales y ubican las cusas de la injusticia social y de los daños ambientales en otros lados, incluso que es voluntad de Dios.  “Las mayorías” les creen, gracias a una ingenuidad construida, que va acompañada de miedo, odio y desconfianza.  Por esto la pertinencia de preguntarnos: ¿Hasta dónde esta ingenuidad cristiana es culpable por apoyar la construcción de un modelo social que destruye la vida humana y del planeta para la acumulación de unos y con medios perversos?

Hablo de ingenuidad cristiana, porque hablando con cristianos “comunes y corrientes” y con militantes de la “derecha político-religiosa”, he encontrado personas bien intencionadas, preocupadas por el hambre y el sufrimiento de la gente, que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios, pero que, orientada por líderes políticos y religiosos, piensan, hablan, oran, deciden y opinan a favor de los intereses político-económicos e ideológicos de este poder, y en contra el bien común, del mensaje cristiano y de ellos mismas. 

En otras palabras, hay un cristianismo que ayudó a construir y respalda este modelo de “desarrollo” y “progreso” que genera la muerte de seres humanos y de la naturaleza.

Millones de creyentes y ciudadanos han sido víctimas de su economía (desempleo, subempleo, quiebras económicas…), de su racismo, discriminación social, violencia física (asesinatos políticos, conflictos armados, despojo de tierras); de su violencia simbólica (imaginarios y exigencias sociales que excluyen, marginan y culpabilizan) y de su corrupción (que ha permeado todos los estamentos sociales y afecta a las mayorías) que acabó con la economía campesina, la pequeña y mediana industria, la salud, la educación y que privatizó las empresas más rentables del Estado.

Este cristianismo, conformado mayoritariamente por gente buena y bien intencionada, apoya política, económica, simbólica y socialmente a los responsables-victimarios (socio-político-económicos) de la grave situación de la mayoría de miembros de sus iglesias. Estos responsables-victimarios, conservan su poder, sus negocios lucrativos y abusivos, su buena imagen social, sus víctimas los respaldan porque asumieron la propaganda que son excelentes personas, preocupadas por toda la sociedad y que todo lo hacen por el bien de todos. Y lo hacen ingenua y gratuitamente, con el apoyo, con frecuencia inconsciente de este cristianismo.

Unos hechos que muestran este apoyo:
  • Primero: en elecciones pasadas, una víctima de desplazamiento forzado y despojo de tierras, que habita en un barrio marginal de Bogotá, optó por el candidato de la derecha porque, según su afirmación, el candidato opositor: “es comunista y nos va a expropiar”. Esta víctima carecía de casa propia, pertenencias valiosas, trabajo estable, nada que le pudieran expropiar. Ya lo habían expropiado de su tierra; por el miedo a la expropiación votó por candidato de la derecha, apoyado económicamente por los responsables del despojo de su tierra.
Ya sabemos que la expropiación fue un cuento de la derecha para que la gente votara por miedo.
  • Segundo: miles de colombianos hemos sido víctimas, directa o indirectamente, del sistema de salud. Muchos de los afectados respaldan partidos políticos y personas responsables y beneficiarios de la quiebra y el robo a la salud; entre quienes los respaldan hay creyentes, que dicen que estos candidatos son mejores cristianos y que los “otros”, que son enviados del demonio.
  • Tercero: una mujer joven creyente, afirmó en  redes sociales que su pastor les dijo que los verdaderos cristianos debían votar por Iván Duque porque su opositor era ateo y enemigo de la religión. La joven analizó las relaciones y la vida de los aliados Iván Duque: Andrés Pastrana, Germán Vargas Lleras y Cesar Gaviria y del jefe Álvaro Uribe y las contrastó con la información que su pastor daba de ellos y del opositor. Concluyó que por razones éticas y religiosas no podía votar por quien decía su pastor.  Mucha “gente buena” de las iglesias atacó violentamente a la joven.

Con estas letras no pretendo afirmar una verdad, solo invitarte a flexionar y a buscar las raíces de los problemas sin quedarnos en la ramas, a superar “el odio visceral” a quienes critican nuestra visión religiosa y política, a dejar de “defender ciegamente” grupos político o religiosos solo porque coinciden con nuestra manera de ver y creer, a superar la ingenuidad cómplice de la crisis humana y ambiental que vivimos.

Para avanzar, estas pistas pueden ayudarnos: 
  1. Reconocer que pensamos, decidimos y opinamos con la información que nos llega y que procesamos con las emociones, ideas, “valores” y conocimientos que llevamos dentro, con frecuencia inconscientemente, que poco sabemos que la mayoría de los medios de información son propiedad del poder económico y político, y que “es normal” que informen lo que les conviene y de forma que genere sentimientos, pensamientos e ideas que mantengan el sistema socio-económico creado por ellos.
  2. Reconocer que, ordinariamente, vemos como bueno lo nuestro y malo lo demás, justificamos los nuestros (amigos, familias, partidos, iglesias, equipos…) y condenamos virulentamente las fallas de los demás (familias, partidos, iglesias, equipos, enemigos…); que la manera de “valorar lo nuestro” ha sido trasmitida (sin darnos cuenta) por la cultura, la educación, la religión y los medios de información del mismo poder que construyó esta sociedad.
  3. Recordar que Jesús de Nazaret fue víctima del poder religioso, político, económico y social de su tiempo; que los profetas bíblicos cuestionaron a sus dirigentes por la manera injusta de dirigir el país y fueron perseguidos y asesinados por ellos y que frecuentemente la religión ha estado al lado del poder abusador y explotador, unas veces consciente mente y por conveniencia  y otras sin darse cuenta, manipulada por ese mismo poder. 
  4. Recordar que Jesús de Nazaret no fue ingenuo frente a los poderes de su tiempo, por eso dijo a sus seguidores: “Miren, yo los envío como ovejas en medio de lobos: sean astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mateo 10,16); “Los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz” (Lucas 16,8); también las palabras del profeta: “¡Que fluya, sí, el derecho como agua y la justicia como arroyo perenne!” (Amos 5,24)

Fraternalmente, su hermano en la fe,

P. Alberto Franco, CSsR, JyP [email protected]

Ver mas: Nuestros columnistas