Vertiras, por algo se empieza

Foto Contagio Radio

Por Abilio Peña

Vertiras es la composición de sílabas con las  palabras verdad y mentiras que hizo un niño de seis años para resumir las conversaciones en las que los adultos decimos verdades y mentiras a la vez. Para el niño  hay verdades, hay mentiras y hay vertiras.

Esta composición   me vino a la mente  luego de escuchar   al general (r)  Rafael Colón ante los 450 delegados  y delegadas a la Asamblea Nacional de las Comunidades Construyendo Paz en los Territorios -Conpaz- la semana pasada en Bogotá, casi todos víctimas de crímenes de Estado. Escucharlo me hizo temer en que puede darse en Colombia una comisión de vertiras y no una de verdad como la propuesta por Conpaz, luego de la eventual firma de los acuerdos para la paz.

El general (r) Colón  tuvo el valor de  hablar ante un auditorio  atiborrado de indígenas, afrodescendientes, mestizos de 120 procesos de casi todo el país, que han sido víctimas de actuaciones conjuntas de militares y paramilitares y muchos de ellos solo de militares que veían en él  a uno  de sus representantes.

En su intervención   recordó el reconocimiento que hizo años atrás  de  la responsabilidad   en la masacre de El Salado y en los llamados falsos positivos por parte de  los militares y del combate que emprendió contra estos en las unidades que comandó.   El auditorio recibió estos comentarios   con  positiva sorpresa,  como pasos ciertos de construcción de paz.

Pero esa verdad reconocida fue adornada con ciertas justificaciones que  no convencieron. Mencionó  que  en la masacre de El Salado no hubo órdenes de mandos superiores, que se trataba de manzanas podridas de la institución militar responsables por acción y omisión de tan horrendos crímenes. Dijo también que en los llamados falsos positivos se dio una mala interpretación  de las ordenes del presidente Uribe que fueron escuchadas por soldados que vieron la oportunidad  de hacerse a primas, ascensos y  descansos, asesinando civiles, haciéndolos pasar como guerrilleros muertos en combate.

En relación con la masacre de El  Salado, el general pasó por alto  la sentencia condenatoria contra el Capitán de Corveta  de la Infantería de Marina  Héctor Martín  Pita Vásquez, en calidad de cómplice por el delito de homicidio agravado. En  la sentencia condenatoria, a pesar de la impunidad presente en el caso, se   estableció claramente  que el oficial  no actuó  como manzana podrida, sino “que las conductas punibles en que incurrió fueron en cumplimiento de órdenes de sus superiores”, tal como lo resume  la CCJ en su balance a 15 años de la masacre, en el mes de febrero  de este año.

Frente a  los llamados falsos positivos  el general (r)   obvió la directiva del Ministerio de Defensa 029 de 2005 que incentivó el pago de recompensas y las acusaciones de subalternos según las cuales comandantes  de brigadas  enseñaban a sus tropas que  “la guerra se medía en litros de sangre”. O como decía el general   Montoya, en el momento máximo comandante del ejército,  de acuerdo con testigos:  yo no quiero regueros de sangre sino ríos de sangre”. Serios informes  de organismos nacionales e internacionales de derechos humanos hablan de una actuación sistemática.

Las  intervenciones de delegadas y delegados fueron claras,  contundentes y muy respetuosas, dejando ver su satisfacción  por las verdades y su inconformidad por las vertiras. Mostrando, además, su disposición a ese tipo de diálogos  buscando esclarecer las máximas responsabilidades de los crímenes de los que han sido víctimas.

El encuentro entre el militar (r) y los delegados de las comunidades,  es sin duda un paso importante en el largo camino hacia la construcción de la paz en Colombia, a pesar de las justificaciones encubridoras de la verdad. Es claro igualmente  que se debe contar con acceso a la  pluralidad de fuentes, como las enumeradas en la propuesta de Comisión de la Verdad hecha por Conpaz, si se quiere una aproximación a la verdad. En todo caso, por  algo se empieza.

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