Vallejo… un pésimo cliché

Foto: La Tercera

Por Johan Mendoza Torres

3 may 2016

Cuando los que tenemos la oportunidad de conocer o saber de tanta gente en Colombia que ante las circunstancias perversas, corruptas, represivas, violentas, absurdas, desesperanzadoras, se la ha jugado toda, se la juega y se la seguirá jugando con pasión y ética apostándole a algún tipo de transformación social, local, urbana, rural, académica, nacional, grande o pequeña etc., uno no sabe si comenzar a escribir (y aclaro que no tengo una posición moralista, religiosa o partidista) sobre este personaje con adjetivos insultantes, o si burlarse de su fracasado intento de ser mal patriota, pues a la final, renunciando a la nacionalidad colombiana este insulto quedaría fuera de lugar; Vallejo no es un mal patriota, él ya no es colombiano. En eso, se le debe reconocer la coherencia.

Vallejo hoy es simplemente un extranjero de muchos tantos que habla mal de Colombia y le hecha la madre hasta a su sombra, que encierra todo lo malo que existe en el concepto “Colombia” como si “Colombia” exclusivamente fuera solo esa fiel definición de su descripción, si su fetiche es la descripción gráfica del poder, sería útil que fuera a los pueblos y veredas colombianas donde la realidad se vive lejos de la comodidad del sillón, con eso podría hablar de gente más importante que los políticos corruptos o los actores armados: es decir la gente que no le hace daño al país…

Lo que Vallejo ha realizado con éxito, es reciclar una porción de la cultura popular colombiana, representada en esa gente que prefiere lanzar el hijueputazo antes que comprender o hacer algo por transformar, una cultura que se la pasa promulgando contra todo intento de transformación, como una exclusiva cátedra de la lógica de la vida en Colombia, es decir, asegurando de manera facilista que Colombia es una mierda y con eso tienen para irse aplaudidos, con el rótulo de “irreverentes”, o con una supuesta posición política basada al final en un determinismo estúpido.      

Vallejo representa el liberalismo craso de muchas personas que promueven el “digo lo que quiero” “hago lo que quiero” no porque “se me dé la gana” sino porque “tengo el dinero propio, o prestado para hacerlo”. Lo que muchos no señalan, es que a diferencia de esa porción de la cultura popular que se siente representada por Vallejo, él si puede irse del país, vivir la comodidad intelectual, decir que odia a Colombia, y saber, ¡porque lo sabe! que aquí le botarán alfombra roja cada vez que quiera, para que vomite la represión que no ha soltado completamente ni viviendo lejos.  

Ahora bien, si me pongo prospectivo, Vallejo a la final no es un problema en sí. Él es sólo un extranjero bocón que tiene todo el derecho de decir lo que quiera, además es un gran literato y al parecer su status no podría negarse, pero eso a la final ¿qué?... insisto, es un personaje que ha sabido reciclar una porción de la cultura popular, convirtiéndola arbitrariamente en la realidad objetiva, porque lo que habla Vallejo lo hablan muchos pelagatos que sí son colombianos, no obstante, queda claro que el cliché no lo forja la irreverencia, ni la grosería, sino el status de quien lo dice. ¿Qué pasaría si un docente universitario sale con esas? Lo echan al otro día. ¿Qué pasaría si en la calle entrevistan a cualquiera que opine con groserías? No lo pasan por los medios, no le escribiríamos críticas, no le harían venias, porque sencillamente el pésimo cliché que forja Vallejo, no es responsabilidad de él mismo, sino de los idiotas útiles que aplauden la promoción mediática de su discurso ¡por supuesto que hay verdades a medias en sus discursos! No estoy haciendo una apología a los que han pasado por su guillotina, sino estoy haciendo apología por la esperanza y la voluntad de cambio persistente en personas que saben lo que sabe Vallejo, pero no se quedan solo en opinar, sino que ¡hacen algo!

A fin de cuentas, la cultura del individualismo acomodado, le sirve que existan personajes como Vallejo, ya que de ésta manera se aminora la represión en la que viven muchos que no tienen el privilegio de una vida de intelectual acomodada, además, funciona como paliativo por ser lo que muchos necesitaban escuchar, para seguir así… tan dóciles, tan inmóviles, tan petardos a veces, dando las gracias porque otro dice lo que les da miedo decir, dando gracias porque lo que ellos dicen no tiene eco ni en el Facebook.

En conclusión, creo que el problema es el pésimo cliché que se genera en Colombia, es decir, desde aquellos colombianos que no saldrán del país y que a diferencia de Vallejo que viene, escupe y se va; se quedan aquí promoviendo el cliché y haciendo más complicado aún, transformar esas condiciones que dan para hablar con ese estilo, a mi juicio, demasiado reverenciado. Porque en serio, que la gente común, que está acostumbrada a la charla escueta se sienta identificada con un discurso de ese estilo, es hasta sociológicamente aceptable, pero que los intelectuales, aplaudan con tanta reverencia, demuestra, la baja capacidad de fomentar una beligerancia seria, y tan requerida hoy en Colombia, precisamente para que los extranjeros no vengan recordarnos lo peor que tenemos y se vayan aplaudidos sin dejar una sola propuesta seria.   

No me cansaré de decirlo en los recintos académicos ni de escribirlo donde lo permitan, Vallejo es un pésimo cliché, porque él es coherente con su vida y su palabra, a fin de cuentas, no vale nada para Colombia porque de hecho ni es colombiano, no obstante, los que agitan su mano en el aeropuerto mientras este personaje se va, son los mismos que en ocasiones invaden la academia, la opinión pública y terminan embolatando las posibilidades de cambio, terminan golpeando la esperanza de gente común que le apuesta al cambio de la sociedad. Sí, la transformación, la ética, el humanismo, son tópicos que sí le importan comprender a muchos colombianos y colombianas para dejar de hacer de la vida solo un discurso al aire.

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