Un sistema para decir la verdad, pero Santos con su cuerpo ya dice lo que cree

Por Camilo De Las Casas -   

29 de Sep 2015

Por fuera de la foto quedaron varios asuntos de lo que se llama la justicia integral. Por un lado, esa concepción de que la paz es la justicia socio ambiental;  se visualizó un patriarcalismo excluyente, las mujeres, entre ellas Piedad Córdoba y Ángela María Robledo, por fuera, solo por nombrar algunas, y las víctimas reales de carne y hueso. La foto de Juan Manuel Santos, de Timoleón Jiménez y la mediación de Raúl Castro, pasará a la historia como la de la pax, la foto que provenga en 2016, en el primer semestre, cuando se prevé que las FARC EP pasarán al espacio político sin armas, no tendrá los mismos alcances.

El acuerdo sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, suscrito entre el propio presidente Juan Manuel Santos y el máximo comandante Timoleón Jiménez, el pasado miércoles en La Habana es inédito, y pretendería al lado de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, lograr una ruptura histórica con la impunidad jurídica y social de la que se ha beneficiado el establecimiento. Este acuerdo en el punto de víctimas y el anuncio de llegar a un acuerdo final el 23 de marzo de 2016, deja claro, que la terminación del conflicto armado con este movimiento alzado en armas es cuestión de meses. Pero si leemos entre líneas, lo que se observó en el escenario mediático, es poco probable que el establecimiento esté dispuesto a la verdad plena, muy pocos de ellos, tendrán la decisión ética de decir la verdad, y su actitud negacionista, no será alcanzada, salvo que el movimiento de víctimas logré aprovechar el escenario de la JEP, para demostrar ese silencio institucional y sus perpetradores, sus mentiras que se han convertido en verdades para la sociedad.

Santos con gran habilidad dejó en claro la postura de ese amplio sector del establecimiento, que extiende su mano de manera forzada para compartirla con su adversario, mucha cautela, a diferencia del gran orgullo y una proxemica con la que el propio Santos tomó la mano de Iván Ríos, como signo de victoria sobre su oponente, o como sucedió ante el cadáver de Alfonso Cano.

A la opinión y sociedad a la que poco le importa el conflicto armado, a la que le suena muy distante las conversaciones, y a otra masa  que es parte de la costumbre, y que está aburrida con la agenda temática de una democracia hacia la paz que pasaría por La Habana y  por lo que se pueda acordar con el ELN, la imagen muestra a un Santos displicente, expresión del establecimiento de no asumir la verdad y su responsabilidad en el conflicto armado, así como la ausencia de generosidad, decisión aplaudida en el fondo por el machismo colombiano y las élites que mantienen un orden injusto e inhumano.

Adicionalmente, Santos al firmar el acuerdo sobre  la JEP, habilidosamente, con el apoyo de los medios de información, dejó claro que ese sistema de justicia es para los antes llamados por el propio presidente, terroristas, se asume tímidamente que este sistema será el más oportuno y adecuado para las fuerzas militares y policiales que expresan en la fuerza el terror del Estado.

Así la pretensión de enfrentar la impunidad con la JEP para todos los responsables de la violencia y no solo para las FARC EP, quedó relegada en los énfasis discursivos. Volvió a quedar negado, que el ente investigador, si lo ha hecho con celeridad y eficacia con las guerrillas, respecto a violaciones graves de derechos humanos, crímenes de guerra y de lesa humanidad, frente al Estado, no ha sido así.

Santos expresa pragmatismo y cálculo. Ya se definió el tiempo límite de las conversaciones con las FARC EP, el 23 de marzo de 2016. No importa que sobre el punto de las víctimas no se haya concluido nada en lo de reparación; y aunque se ha ido avanzado en el punto sobre el fin del conflicto y la refrendación, tampoco nada está terminado, con independencia de lo que se avance, todo debe quedar finiquitado esa fecha. Así, para los pocos seguidores del proceso, nadie tiene claro, que pasó con las famosas 28 salvedades que las FARC EP sostuvo se iban a discutir sobre la Reforma Agraria Integral, la Participación Política y la Sustitución del Cultivos, y cuándo se van a discutir. La guerrilla será exclusivamente la culpabilizada desde ya.

Santos ha impuesto la Pax Neoliberal. Como lo hemos señalado de tiempo atrás, y de eso debe ser conciente también el ELN,  salvo que pretenda prolongarse en la lucha armada, y en eso deber ser claro también las FARC EP con la sociedad, lo que se firme, y lo avanzado, no modificara el modelo económico, ni siquiera las políticas extractivas ni las políticas publicitarias verdes del Estado. En lógica, lo que se lograra acordar son aspectos de derechos políticos y algunos  de los derechos de las víctimas, los asuntos de los déficits económicos y ambientales de la democracia en las mesas de conversaciones no se resolverán.

La filigrana de las conversaciones demuestra hasta el día de hoy, que la acumulación de la fuerza crítica social o está diezmada o no logró meterse a fondo en las conversaciones para lograr generar un escenario de construcción de la paz comprendida como justicia socio ambiental, con independencia de los efectos coyunturales de la movilización social en particular los dos paros agrarios. Y lo qué sucede y sucedió en La Habana, será limitadamente transformante a favor de las garantías para la lucha social y podría serlo para el derecho a la verdad. A pesar de los esfuerzos de las FARC EP y del ELN para expresar y manifestar un pensamiento y una construcción de agenda más allá de la solución armada y de una garantías políticas, no hay en el corto plazo otro escenario posible de construcción amplia desde lo social capaz de afrontar el patriarcalismo y el clasismo.

Los logros en estas conversaciones por parte de un movimiento transformante en Colombia se expresan: en la Comisión de Esclarecimiento con sus expertos, documentos claves, que tampoco son parte del agenciamiento socio político; en lo que hoy se llama Sistema Integral para la Verdad, la Justicia, la Reparación y la No Repetición, y por supuesto el JEP, pues logró llevar al gobierno a aceptar el derecho a la rebelión, el delito político, la conexidad de determinadas conductas y el hacerle asumir que la violencia política tiene unos orígenes y unas responsabilidades, que están más allá de las guerrillas.

Este presupuesto es el que debería concebir o retomar el movimiento de víctimas que aparece invisibilizado, que no es protagonista de primer plano, en estos momentos. Solamente su fortaleza y su operación estratégica en lo público, en lo jurídico podría modificar esa nueva mentira que se ha ido montando, en la que las FARC EP, y el ELN,aparecen como los únicos, los más graves responsables de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.

Por otra parte, de la posición del ELN, la definición temporal acordada con las FARC EP, puede convertirse en limitante o potenciador, de una agenda que profundice garantías para el gran movimiento social, mucho más, si  del proceso hacia la paz es uno solo como se ha expresado, ¿qué va a pasar con la mesa del ELN, que se iniciaría en el mes de noviembre o diciembre?, ¿cómo se va a acompasar asuntos que tocan a ambas guerrillas?, ¿cómo es el derecho de las víctimas y la sociedad a la verdad asumido por esta segunda guerrilla? ¿ Y sobre la instalación de la Comisión de la Verdad y el JEP, qué opina el ELN? Es claro que no podrán existir dos Comisiones de Verdad ni dos JEP; pero no es fácil esperar que el ELN se asuma totalmente a lo ya pactado en materia de Verdad y Justicia;  aunque tampoco es que tengan mucha margen de maniobra para dar contenidos en estos aspectos de los derechos de las víctimas.

Ya se conoce que empresarios, como militares y políticos, vienen pactando silencios, o dispuestos a expresar verdades a medias, para proteger de la cárcel a algunos de sus integrantes, y de otra lado, para no verse obligados a decir la verdad sobre presidentes, y otros políticos, empresarios e iglesias, también, responsables de la violencia.

El gran reto para las víctimas de Estado y de la sociedad organizada, si se quiere otra democracia es lograr doblegar y resquebrajar la soberbia del establecimiento, que esconde la mano, que la entrega con desgano, porque no pretende asumir el compromiso cierto de una paz distinta a la formalidad, el temor a la verdad es del Establecimiento no de las guerrilla ni de las víctimas, ese temor se expresa en el desprecio, y en esas nuevas formas de violencia paraestatal presente en el Meta, Valle, Chocó, Casanare, Putumayo, Antioquia, entre otros departamentos. El movimiento de víctimas es parte de esa apuesta de la justicia integral, a éste le corresponde el gran reto de generar esa ruptura histórica con el negacionismo de Estado y el establecimiento, que se ha beneficiado y ha hecho riqueza con crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra, y al conjunto de la sociedad le asiste la responsabilidad de avisorar y de crear esa apuesta de país para la justicia social y justicia ambiental, solamente en ese nuevo proyecto de país, la foto dejará de ser patriarcal y excluyente.

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