Tres desafíos para defender el páramo de Santurbán

Foto: Censat

Por: CENSAT Agua Viva - Amigos de la Tierra – Colombia

23 Nov 2017

Pareciera que el afán de la delimitación y zonificación de los páramos en Colombia, más allá de la real preocupación por  construir un ordenamiento ambiental de la montaña andina en su integralidad, es la puja y la tensión por la expansión de la frontera minero-energética. Como lo evidencia el fuerte debate que abrió la delimitación del páramo de Santurbán, en el que no ha pasado una semana del fallo de la Corte Constitucional que tumba la resolución que demarcó este páramo debido a que se desconoció el derecho a la participación de las comunidades,  y acto seguido se dio la avivata maniobra de la multinacional Minesa para asegurar su proyecto minero con el respaldo  al  gobierno nacional con 45 millones de dólares paradójicamente destinados para el pos acuerdo. En definitiva  Juan Manuel Santos y su ministerio de minas y energía, no sólo desconocen la sentencia de la Corte Constitucional sino que además pasan por encima del sentir de millones de personas que se movilizaron masivamente el pasado 6 de octubre en la Marcha por el Agua de Santurbán en Bucaramanga y del campesinado que  habita estas montañas.

En este momento presenciamos un escenario de  incertidumbre frente al futuro del complejo montañoso de Santurbán, de cara al interés corporativo de Minesa para que le otorguen la licencia ambiental del proyecto que busca extraer 9 millones de onzas de oro en las montañas que soportan a Santurbán. De cara a esto surgen varios interrogantes: ¿Será suficiente un año para definir una nueva delimitación con las exigencias de participación que planteó la Corte?  ¿Qué pasará en el caso que las áreas ya intervenidas por Minesa, resultado de  sus actividades exploratorias, queden dentro de lo que se defina como páramo? ¿Qué sucederá con el proceso en curso de investigación ambiental, que adelanta La Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga – CDMB, que vincula a la empresa MINESA como presunto infractor por las afectaciones ambientales por las actividades exploratorias desarrolladas en el marco del túnel de exploración denominado “El Gigante”? y ¿Qué tan congelado realmente estará el proceso de licenciamiento ambiental ?

Frente a  este borrascoso escenario, se alcanza a visualizar tres desafíos para las comunidades y el proceso ambientalista en Santander: el primer desafío es la cualificación para el proceso de  participación, con la exigencia del cumplimiento de las condiciones que ordenó la Corte para que el proceso pueda ser “amplio, participativo, eficaz y deliberativo”. Un  segundo reto tiene que ver con construir una propuesta de permanencia digna y cuidadora de la montaña andina en su integralidad, que implicará trazar rutas claras para los procesos transformación en términos de reconversión o sustitución, proceso que también ordenó el Alto Tribunal. Y finalmente, este nuevo escenario puede ser una oportunidad para consolidar una lucha antiextractivista en Santander.

Es importante reconocer que será una disputa compleja continuar la  defensa de Santurbán, la gente en Santander esta embejucada, por lo cual la movilización crecerá y con ella  la  oportunidad  de consolidar unidad entre   Bucaramanga  y el campesinado en la montaña, condición necesaria  para lograr  enfrentar el poder corporativo de Minesa en Santander; para lograrlo será fundamental  entablar un   diálogo campo-ciudad que implica además replantear la visión del páramo como la “fábrica de agua”, un cambio de paradigma.  Porque preocupa mucho que le juguemos al discurso de conservar fábricas de agua para la vida humana urbana, y no cuidar estos territorios en el sentido amplio y sensato de la existencia. Porque así como es vital cuidar la vida no humana en los páramos, garantizar el agua para las personas en la ciudad, es trascendental cuidar y dignificar la vida de la gente que habita las montañas andinas.

La idea de concebir los páramos como “fábricas de agua” es una valoración utilitarista frente a estos territorios  que es necesario cuestionar profundamente, dado que su importancia es subordinada a partir de las exigencias y demandas ambientales extractivas a estos territorios de montaña andina. Bajo esta racionalidad, se ha desconocido históricamente el entramado vital que los pueblos en la alta montaña han construido para la reproducción de la vida, pues es el hogar de comunidades campesinas, campesindias e indígenas. Al mismo tiempo esta valoración ha provocado  que las comunidades paramunas se enfrenten  constantemente con la idea colonizante de ser fábricas de agua; en medio de fuertes presiones por un modelo de ruralidad que los ha llevado a degradar ambientalmente estos territorios y con ello su propia vida. De ahí que, la gente paramuna cuidadora que pervive en la alta montaña en Colombia es una especie en vía de extinción, así como lo es el oso de anteojos, víctimas del desarrollo energívoro expresado en un modelo de agropecuario intensivo, infraestructura vial, energética  y de la guerra.

Sin duda hay que cuidar y salvaguardar el patrimonio cultural, natural y geológico de la alta montaña, el asunto es ¿cómo y para quién? Porque hay un reclamo legítimo y claro  en la alta montaña: exigen cuidar las aguas que más abajo serán represadas, embotelladas, privatizadas o contaminadas.

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