La contundente respuesta de periodista ante portada de revista Semana

18 Jul 2018

Sobre la más reciente portada de la revista Semana, en la que aluden a una supuesta re- fundación que se estaría gestando por parte de la guerrilla de las FARC, la periodista e investigadora Andrea Aldana, cuestiona la relación entre tal información que allí se publica y la nota que en el interior de la publicación se desarrolla.

En sus aseveraciones, la comunicadora parte por decir que el medio "le echa una mano" al gobierno de Iván Duque, afirmación cuestionada por el editor general de la revista Jose Guarnizo, asegurando que el periodista encargado estuvo en la zona, hizo su trabajo, contrastó fuentes y no se trata de ningún favor; motivó la respuesta sustentada de Aldana de su publicación original.

A continuación, la respuesta transcrita de la periodista al editor de Semana:

“Lo que dice el artículo” no sólo no sustenta la carátula de la revista sino que, además, es impreciso conceptualmente, irresponsable con el manejo de las cifras, pretende generar una alarma frente a una consecuencia propia de cualquier desarme a nivel nacional e internacional, se dice y se desdice al mismo tiempo en diferentes apartados del artículo y, lo que es más grave, no tiene un solo “contraste” de fuentes (acción que tu aseguras llevó a cabo el periodista) ya que las únicas fuentes que cita son “registros oficiales” y los únicos entrecomillados que incluye el texto son del general Jorge Hoyos, del general Ricardo Gómez y del general Alberto Mejía. Y ni para qué mencionar, que este último, a pesar de que ustedes lo citan, los desmintió ayer en entrevista a La W Radio (adjunto link al final).

Y en este punto me gustaría recalcar que fueron víctimas de esa “desmentida” porque eso es lo que pasa cuando se recurre sólo a la fuente oficial y no se buscan académicos, analistas del conflicto o demás fuentes de la sociedad civil —no estatal— que puedan dar contraste a la información obtenida. Y en este caso, el artículo cuestionado no recurren a ninguna —¡ninguna!— . De hecho, me gustaría invitarte a que releas el texto y me menciones una, sólo una.

Sin embargo, vamos a la carne del artículo: desde su entrada habla de que hay un “proyecto de expansión concreto que el país desconoce”, el cual Semana “revela”. Bueno, pues Semana no revela nada diferente a lo que ya han dicho muchas organizaciones y entidades como Fiscalía, el ministerio de Defensa, la Fip y Paz y Reconciliación, entre otras; es decir, lo siguiente: algunas disidencias trabajan en conjunto, se están sosteniendo con economías ilegales, están captando grupos de delincuencia común para crecer y coquetean con remuneración económica para rearmar a sus exintegrante; nada diferente a lo que hicieron las AUC una vez desmovilizadas y —¡ve!, ¡qué tan raro!— Semana nunca habló de “un plan para refundar las AUC”.

Ah, bueno, Semana sí revela algo: que al parecer las “disidencias” tendrán una reunión —que ustedes llaman “conferencia guerrillera”, basados quién sabe en cuál fuente porque no la citan— y que Gentil Duarte proyecta reunir 8000 hombres antes de terminar 2019, es decir, en 17 meses. ¡8.000 mil hombres! Yo no sé quién redactó el texto, pero evidentemente la duda no lo alumbra: hace 4 días la Oficina del Alto Comisionado para la Paz apuntó que Farc desmovilizada y acreditada eran 13 mil hombres (milicianos, integrantes encarcelados y combatientes en armas), y si a eso se suman los 1.463 disidentes que Semana plantea —cifra de la que no da fuente—, no llegan ni a 15.000. Y acá es donde no sé ni cómo apuntar a lo absurdo: el grueso de Farc necesitó de 52 años (teniendo en cuenta capturas, bajas y desertores) para llegar al final de sus días con 15.000 hombres (contando disidencias); pero Gentil Duarte sólo necesita 17 meses para sumar más de la mitad. ¡Hombre! ¡Y dónde estaba esa capacidad armamentística y de reclutamiento de Duarte durante sus 30 años en Farc! Y, claro, en el resto del texto Semana sólo deja al aire la posibilidad de 8.000 hombres armados para el año entrante —idea como mínimo ridícula para un lector acucioso, dateado e informado, pero alarmante para el lector desprevenido que es la mayoría— sin siquiera contrastarla con un estudioso del tema que desmienta la alarma.

Pero avancemos un poco: en su tercer párrafo el texto apunta lo siguiente: «Los registros oficiales apuntan a que hay 1.463 disidentes de las Farc en armas, a los que habría que sumarles sus milicianos. Las cifras de centros de análisis y agencias de inteligencia extranjeras señalan que esa cifra podría estar rondando hoy los 4.000 hombres». Y acá, Jose, a parte de que son las únicas veces que el artículo menciona unas fuentes —¡las únicas! (sin contar los entrecomillados, claro)—, la cita de fuentes no sólo es vergonzosa sino irresponsable.

Para empezar, ¿cuáles “registros oficiales”? si, de acuerdo al Informe de Fip, “Las disidencias de las Farc: un problema en auge”, emitido hace sólo tres meses, y el de la Fiscalía, emitido en octubre de 2017, “existen discrepancias entre las cifras oficiales”: mientras que la Fiscalía General habla de 500 disidencias y la Defensoría del Pueblo de 800; la Vicepresidencia ha señalado que son 1.000, el ministro de Defensa ha dicho que son 1.100 y las Fuerzas Militares calculan que llegan a los 1.200 (cifra que ayer sostuvo el general Mejía —al aire— en La W Radio). Y no siendo suficiente esta imprecisión, Semana, con absoluta irresponsabilidad, añade que pueden ser 4.000, porque así lo dicen “centros de análisis y agencias de inteligencia extranjeras”. ¡Jesús! ¡Y no cita ninguno! Y acá me da una pena enorme contigo, Jose, pero parafraseando tus palabras, “en un tema tan serio y tan delicado”, yo sí te pido no que den argumentos, porque los argumentos finalmente son posiciones, ¡sino fuentes!, porque eso hacemos los periodistas cuando damos cifras. Y esto, debo agregar, ni siquiera es cátedra, “los periodistas deben citar las fuentes de sus cifras” es apenas aprendizaje básico de primer semestre de periodismo. Sin embargo, reconozco que, aunque la Fip sostiene en su informe que para ellos también pueden ser 1.200 disidencias —como para el general Mejía—, añade que hay una cifra extraoficial que los calculan en 1.500, ¡pero lo dice la Fip, una fuente con nombre y razón social!

En otro comentario agregaste que: «si un periodista encuentra algo que es verdad, ¿no lo publica porque a juicio de algunos le conviene al gobierno? El fin de este oficio es intentar buscar la verdad, no a quién le conviene». Pues bueno, evidentemente, en cuanto cifras, en Semana ni encontraron la verdad, ni se esforzaron en buscarla. Y las cifras que arroja —tanto de los 8.000 posibles disidentes que agrupará Gentil Duarte y sus 4.000 disidentes activos según “centros de análisis y agencias de inteligencia extranjeras” (más miembros que los que agrupa el ELN, por cierto, que están como en 3.800)—, especulativas y sin ningún tipo de contraste, además de “afianzar la idea del miedo”, sí le "convienen" a alguien: al gobierno entrante, el cual se cimenta sobre la única idea de ofrecer seguridad.

Pero sigamos: en el mismo tercer párrafo también agrega que estos disidentes están «repartidos en 29 estructuras, presentes en 18 departamentos y 120 municipios. Una mirada panorámica muestra que hay disidencias en cada una de las zonas donde solían operar los siete grandes bloques de las Farc. Pero no todas son igual de fuertes». Pues bueno, esto no es más que unos números que vacíos de todo contexto y comparativo histórico, generan una falsa alarma.

En el año 2009, el Observatorio del Programa Presidencial de DDHH y DIH manifestó que las llamadas oficialmente como “bandas criminales” (haciendo alusión a las “estructuras no desmovilizadas, residuales o rearmadas luego de las desmovilizaciones de las AUC”), hacían presencia en 179 municipios de 28 departamentos. Ya en 2010, en un informe la Fip estimó que, luego de la desmovilización paramilitar, las “bandas emergentes” acumulaban 3.326 integrantes en 27 departamentos, incluidas 22 de sus capitales, y estaban presentes en 178 municipios; y en reacción al informe, hasta la Policía Nacional declaró a los medios que estos grupos posdesmovilización tenían en sus filas más de 4.000 miembros y hacían presencia al menos en 24 departamentos (ver “Un informe para el debate”, El Tiempo, febrero de 2010). Y por su lado, Indepaz, en su informe de septiembre de 2010, estimó que estos grupos tenían unos seis mil miembros, con presencia en 314 municipios de 29 departamentos, dejando claro que sus cifras se apoyaban en fuentes de “Policía Nacional, Dirección de Carabineros y Seguridad Rural”.

Y pese a estas alarmantes cifras, obtenidas de múltiples diversas fuentes, revista Semana Jamás publicó entonces —y sigue sin publicar ahora— un portada y un texto titulado: "El Plan para refundar las AUC”, pese a que Fip, en su informe de enero de 2010 y Human Rights Watch, en su informe “La sombra de los paras” (febrero, 2010), estaban advirtiendo de su "disidencia" y su rearme. Por lo tanto, sí puedo asegurar, y basada en cifras, que a inicios de 2010 y siendo aún presidente Álvaro Uribe Vélez, la Revista Semana entonces desconoció el fenómeno "disidencia" y rearme AUC (que implicaba el panorama de inseguridad y fracaso que se vivía en cuanto a orden público) y hoy, a 20 días de que se posesione Iván Duque (Uribe III), sí reconoce el fenómeno de disidencia y rearme Farc (un panorama de inseguridad igual al de posdesmovilizacion paramilitar), con unas cifras inferiores en un 50% o más, al de las AUC. Por tanto sí, de acuerdo al contexto histórico y luego de compararlo, sí hay un discurso que Semana favorece y sí contribuye con su artículo (de "unifuente" oficial) a justificar el modelo de seguridad de Duque.

Ahora bien, como no consultaron ninguna otra fuente, nadie les dijo que tooooodo modelo de desarme y desmovilización a nivel mundial siempre cuenta con una disidencia que va del 10% al 15%. En el caso de las AUC, y según la Fip, fue del 22%, es decir, 6.967 hombres (puesto que ellos desmovilizaron 31.671 integrantes). En el caso Farc, y tomando como referencia la cifra —sin fuente— de ustedes en Semana (1.463 disidentes), se encuentra en el 11%, los niveles normales de un proceso de desmovilización. Peligrosas sí, pero lejanas de ser la refundación de las Farc.

Y profundizando en materia, tomando el tema de disidencias, ya que ustedes lo meten todo en un solo costal, organizaciones como la Fip, Paz y Reconciliación y académicos con décadas de estudio en el tema como Álvaro Villarraga (en textos como “Experiencias históricas recientes de reintegración de excombatientes en Colombia”) y Germán Valencia (“Reconstrucción analítica del proceso de desarme, desmovilización y reinserción con las Autodefensas Unidas de Colombia” y otros), hablan de los grupos que se presentan luego de un proceso de desmovilización o desarme, que son de tres tipos:

1. Disidentes: estructuras que nunca se desmovilizaron o se acogieron a un proceso.
2. Rearmados: estructuras o individuos que entraron al proceso, se desmovilizaron y luego se rearmaron.
3. Grupos emergentes: surgen de grupos que directa o indirectamente se vincularon al grupo desmovilizados pero su génesis es nueva.

La revista no hace ningún tipo de discriminación y sólo generaliza, desconociendo, efectivamente, que este tipo de precisiones es la que lleva a desbaratar la idea de una “refundación” ya que este nuevo proceso de rearme recae sobre los mandos medios y, como bien dice la Fip, “los liderazgos sí importan”, porque los liderazgos más políticos y con mando militar sí tienen jerarquía en una disidencia, como ocurre con Gentil Duarte, pero las disidencias se formaron en torno a mandos medios cuyas funciones en la insurgencia se limitaron a conseguir recursos y manejar las finanzas (como Guacho, Cabuyo, sábalo, el burro y otros), y este tipo de mando (sin hablar del combatiente raso a su cargo) tienden a degradarse y criminalizarse, lo cual hace prácticamente imposible la cohesión en torno a un nuevo grupo guerrillero. Y del concepto “nueva guerrilla” que utiliza Semana, también quiero hablar, pero son las 4:20 am y debo dormir algo.

Por ahora dejo el tema hasta acá, más tarde revisaré la redacción porque ha de tener errores puesto que estoy cansada. No obstante, debo decirte que no voy ni en la mitad de mi argumentación y me falta por plantear otro par de críticas como no haber utilizado una sola fuente en el apartado del texto que subtitulan “Los males unidos”, pese a que da información tan precisa sobre Jhon 40 (y no cita ni siquiera un informe secreto, qué sé yo) y el apartado subtitulado “Nueva guerrilla”, que tampoco soportan con fuentes y a la la única que citan, sin vergüenza alguna la llaman “conocedor de esas movidas” (no sabemos si es militar, civil, exfarc, sólo “conocedor de esas movidas”), reserva de identidad de la que hacen uso sólo para que la fuente diga: “Ahora, más que antes, manda más el billete que la revolución”. Y frente a esta declaración, que se hizo meritoria de la reserva de identidad, no quiero ni opinar.

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