René García Lizarralde a 21 años de presencia en contextos de diálogos de paz

Por Abilio Peña  

El sábado 30 de mayo conmemoramos el 21 aniversario de la partida (1994) de René García Lizarralde, un hombre que revolucionó la manera de ser sacerdote, cristiano, pedagogo e investigador. Hijo de una familia aristocrática, católica, sólo pudo conocer a Camilo Tórres Restrepo después de su muerte, cuando junto con Isabel Restrepo, madre de Camilo, celebró la misa del primer aniversario en 1997. De ahí en adelante, sus vidas no se pudieron separar.

Se unió a otro grupo de sacerdotes para conformar el Movimiento Sacerdotal Golconda, junto con el obispo de Buenaventura Gerardo Valencia Cano. Fue rector universitario, animador de la constituyente de 1991, analista de la situación agraria, petrolera y consejeros de importantes líderes sociales del país, hasta los últimos días de su vida, a quienes atendía desde su silla de ruedas, entre las pausas del oxígeno que debió inhalar de por vida luego de un accidente automovilístico.

En el aniversario nos reunimos en la casa de Elia Morales, su compañera, con quien compartió un amor que superó los límites del espacio y del tiempo. Llegaron dos mujeres de los barrios populares de Suba, una religiosa comprometida con los emprobrecidos, un profesor universitario, la excompañera de uno de los sacerdotes de Golconda, un niño de 8 años, una joven universitaria de 20, y tres defensoras de derechos humanos.

La memoria de René nos invitó a hablar de nosotras, a comulgar con su pasado y con su vivo presente en las especies de la almojabana, la mantequeda, el pan integral, el café, el yogurt. Nos trasladó a ese pasado-presente cuando los organismos de seguridad del Estado, en su “inteligencia torpe”, creían que René era un comandante guerrillero. Pasaron por las palabras de Elia, sus recuerdos de la enfermedad nada penosa de René, las visitas de jóvenes amigos, las salidas a encuentros y reuniones y la persecución que padeció aún en el hogar geriátrico donde vivían.

Recordamos cómo sorteó Elia uno de los allanamientos a su hogar. Con su extraordinario sentido del humor, burlándose de la estupidez del poder militar, les daba órdenes, les abría los cajones, les mostraba los cintas gravadas que tenían en casa, les preguntaba si querían oírlas, les levantaba los tapetes. Les mostró lo ridículos que se veían allanando una casa de ancianos, de la que “su inteligencia” les hizo deducir que se trataba de una clínica de guerrilleros donde se guardaban armas. Al finalizar salieron avergonzados y presentando excusas.

También revivimos la persecución post mortem a René por parte de las autoridades judiciales. Elia debió declarar ante la Fiscalía, que la asedió con preguntas por el paradero de su compañero, apenas unos días después de su muerte. Pasamos por el corazón el diálogo con P. Javier Giraldo, siempre presente, y con Eduardo Umaña Mendoza, sobre cómo afrontar la cita con la “justicia”. Recordamos que Eduardo nos pidió que llegáramos a su casa-oficina. Estaba muy ocupado esa mañana, llamó a Javier, quien acudió con prisa. Vimos a Eduardo en levantadora y babuchas, tomando café y fumando cigarrillo; no había dormido en toda la noche y debía partir hacia Medellín a encarar una diligencia judicial. En medio de esas circunstancias nos acogió con mucho cariño porque “cuando escucho el nombre de René García, se me eriza la piel y me emociono”, nos dijo.

Elia cantó el poema que escribió sobre ese episodio: “¿que dónde lo vi por primera vez... que cuándo llegó hasta mi puerta, que cómo era él, que a dónde se fue, quieren ver que esta historia esté muerta... Preguntan por él, no pueden creer, sospechan que nunca se ha ido. Piensan con razón que en algún rincón, el hombre se encuentra escondido.”

Mas adelante leímos la transcripción de la conferencia que René hizo, en compañía del P. Javier Giraldo en el año de 1993 ante delegadas y delegados de las Comunidades Eclesiales de Base de todo el país, sobre los procesos de paz, luego de que se rompieran los diálogos en Tlaxcala. Hizo una mirada del contexto internacional, advirtió que ni la guerrilla ni el Estado tenían la capacidad de derrotar a su adversario y recalcó la trascendencia de lo agrario y lo energético en la resolución del conflicto armado interno por la vía dialogada. Nos quedó la sensación, que los mas de veinte años de guerra luego de Tlaxcala, fueron perdidos y que seguiremos perdiendo si la actual oportunidad la dejamos pasar. Desde algún rincón René nos sigue hablando.

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