Rebeldía de los uribistas: ¿la plataforma de una guerra civil en Colombia?

Foto: Orlando Guete

Johan Mendoza Torres 

Para algunas personas en Colombia, tal vez la palabra uribismo es sólo una personificación, exageración o consecuencia, de uno de tantos señores que ha sido presidente de este país. Tal vez aún muchas personas, se niegan a creer en las barbaridades cometidas durante ese gobierno o lo que es peor, las naturalizan, y apoyarían a Uribe hasta las últimas consecuencias sin importar qué haya hecho, porque pareciera que lo hecho “era como necesario”. Así mismo, para muchos y muchas, hacer una correlación, entre el cacareo de la plana mayor del uribismo ante el arresto del hermano de su líder por nexos paramilitares, y palabras tan gruesas como rebeldía o guerra civil, es desde todo punto de vista una exageración.

¿En verdad será una exageración no poner atención a los movimientos y palabras de un grupo político tan radical, tan ideologizado, tan peligroso, con un líder prácticamente inmune a la justicia y con tanto poder como el uribismo?

Me cuesta aceptar que es una exageración, empero, podría concordar en que Guerra Civil, es un término algo complejo para vincularlo al análisis coyuntural sobre este grupo que hoy tiene su plataforma en lo que han llamado Partido Centro Democrático, que antes la tenía en el Partido de la U, y que más adelante podrá llamarse como se le ocurra o, mejor dicho, según lo que diga y a donde quiera que su caudillo vaya. En ese marco, a veces pienso que a fin de cuentas el uribismo sin Uribe dejaría huérfanas a caricaturas tan vergonzosas como Francisco Santos o Paloma Valencia, así como también, dejaría sin asidero profesional al “analista político” Alfredo Rangel o la “periodista” Claudia Gurisatti.

Pero, por otro lado, muchas veces pienso que el uribismo ha configurado, en la reciente historia de nuestro país, las bases de un fundamentalismo político sin precedentes, que en nombre de la seguridad, la potestad para definir a los colombianos de bien, la creación de conceptos como el “castrochavismo”, la vinculación con el paramilitarismo justificada en la lucha anti guerrillera etc., y la increíble inmunidad de sus líderes ideológicos, sigue adhiriendo políticos, personas del común y personajes públicos influyentes entre sus filas; personajes que con una profunda ideologización (o descaro) llevan adelante la materialización de un apoyo incondicional y hasta peligroso.

¿Aún más peligroso? Si. El uribismo ya fundó su propia Universidad, se llama ELITE (Escuela Latinoamericana de Ingenieros, Tecnólogos y Empresarios) y tiene sede en los barrios Cedritos y Teusaquillo de Bogotá, esas son palabras mayores. El uribismo se declaró en rebeldía, cuando ese concepto es claramente y por tradición, propio de la izquierda política e implica judicialización cuando se constituye en Rebelión. El uribismo es una clara muestra de fundamentalismo porque cuando se promueve el debate con alguno de sus protectores, las discusiones se basan más en actos de fe que en argumentos, y por lo general, terminan en improperios, incoherencias, o en un claro despotismo retórico al mejor estilo de Obdulio Gaviria o del señor Fernando Londoño.

La rebeldía en la que se declararon los uribistas, como un espectáculo que mereció sin duda la burla de caricaturistas del dibujo y caricaturistas de la palabra como Matador y Samper respectivamente, es también necesario no tomarlo tan a la ligera. Cualquiera que haya hablado con un uribista sabe que lo apoya por acto de fe, o lo apoya justificando las atrocidades de su líder. ¿Acaso no es el fundamentalismo político el plano de las guerras civiles? Está bien, cualquiera me diría que una guerra civil implicaría la politización de todo el país, pero, ¿acaso dudamos de que alguna vez el uribismo convenció a la mayoría del país? ¿acaso una política de Estado, una reforma constitucional, y la fundación de una universidad no son proyectos a largo plazo y con un claro objetivo ideológico? En serio, con la mano en el corazón ¿en verdad se puede dialogar con el uribismo sin que cualquiera que lo critique quede como protector de las FARC? Las guerras, son cosas muy bien pensadas, que se basan en ocasiones, en ideas o intereses absurdos. El uribismo, es sin duda alguna un absurdo histórico, que continúa con la firme pretensión del poder a todo nivel: eso es una plataforma, ellos lo saben… ¿y nosotros?  

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