Papá Abilio se fue en diciembre

Abilio Peña  -  

15 Dic 2015 
De sus hijas e hijos: Pedro Nel, Daniel, Lucas, Isaías, María Ruth (fallecida), Marcos, Nohemy, Ana Ruth, Josefina, Gema, Abilio

Papá a los 89 años de vida del miércoles 9 de diciembre de 2015, a las 6:00 p.m., dejó de existir físicamente.

Para este paso al infinito, no pudo pactar con Dios un mes mejor, el de diciembre. Fue tan feliz y nos hizo tan feliz en este tiempo de gracia de las navidades y año nuevo. Los recuerdos de la vida con él en los diciembres abundan en nuestra mente y corazón: la construcción del pesebre como si se tratara de la maqueta de un paraíso terrenal, el nacimiento del niño Dios que como un acróbata divino se descolgaba de una cuerda hasta caer con precisión celestial en la cunita adornada de  paja y después con algodón, los regalos que amanecían debajo de la almohada el 25 de diciembre  a pesar de épocas de apretones económicos,  los inventados instrumentos con objetos de cocina  platillos, tambores, flautas, guitarras, maracas de maíz y arroz  con el que dotaba el coro de las niñas y niños; los triquitraques, totes, chispitas mariposas, los villancicos, la lectura de la novena, que acompasaban ritmos con el dulce de  la noche buena, con las cena navideña que preparaba con mamá Virginia, mesa en la que siempre había puesto para amigas, amigos, familiares, algún sacerdote, alguna religiosa.

Cuando crecimos y nos fuimos yendo,  diciembre se convirtió en época de reencuentro. Por eso la fecha del paso de papá al Padre, de su encuentro con el infinito, es tiempo  de gracia en el sentido pleno que esa palabra tiene en la tradición cristiana. Por él se  han dado aquí hoy reencuentros  de más de 30 años entre amigas y amigos, familiares. También ha propiciado diálogos sobre lo que somos y hacemos como hijas e hijos. De igual modo las amigas y amigos de todos y todas que estamos presentes aquí, sentimos por este tiempo de gracia que los proyectos de vida de cada una y cada uno de nosotros, pueden tener alguna conexión, nos hace pasar nuestro pasado y presente por el tamiz de sus muchas cualidades y de los límites propios de  la condición humana, nuestros aciertos y desaciertos, animándonos  a trabajar por ser  mejores mujeres y hombres.

Papá nos enseñó  la fuerza  que tiene  la palabra empeñada, el vigor de la narración, el respeto a las otras y otros, al vernos como iguales, el poder de la sencillez,  el trabajo, la honradez, la fidelidad a las opciones, a las convicciones, a los principios, el amor por  el estudio, la superación personal y comunitaria, el compromiso con las causas a las que apostamos la vida. Siempre nos llenó de autotestima. Como nos lo recordaba siempre: “mi mejor fortuna son mis hijos”:  Su orgullo  por sus hijos sacerdote, las religiosas, la abogada, los maestros, las contadoras y el filósofo y teólogo.

Como campesino cultivó la tierra al lado de mamá Virginia Buendía Trujillo. Del campo levantó el sustento de la casa, con ganado, café, especies menores  y el pan coger en los primeros años de nuestra vida familiar. Fue capaz de responder al llamado a trabajar por la comunidad, fue consciente de su talante de líder, supo de sus dotes para  el relato, las matemáticas y se empeñó en su formación personal, desde él mismo. Se hizo autodidacta en el habla, las letras y los números para explorar el mundo desde lo social, religioso y político.

En esta lucha permanente asumió responsabilidades sociales de servicio a la comunidad como cooperador de primer orden en la Parroquia San José de Oporapa. Desde ahí fue gestor del movimiento cooperativo en el municipio y en el sur del Huila. Promotor de las Juntas de Acción Comunal en el Departamento del Huila, Diputado a la Asamblea del Departamento  en 1968, Concejal  en Pitalito en el año de 1998. De éste período pasa por nuestro corazón  la que ha sido quizás la apuesta radiofónica, pedagógica, comunicativa más ambiciosa de Colombia en la que intervino papá, radio Sutatenza. También los recorridos por las veredas, la conformación de juntas, el bautismo de barrios y veredas a las que ayudó a dar nombre, su contribución a la construcción de la red eléctrica que trajo la luz por  primera vez en 1966 a Oporapa, las miles de anécdotas cuando pasó de lo local a lo departamental y luego a lo nacional,  en su condición de promotor municipal y luego regional de Acción Comunal siendo parte del entonces Ministerio de Gobierno, al  que estaban adscritas las promotoras. También su asidua pasión por las noticias desde  la lectura de los periódicos El Siglo, El Campesino y la radio en que escuchaba las noticias todos los días, hasta pocas horas antes de que su vida en esta historia empezara a extinguirse. Aprendimos con él a apasionarnos con la realidad social y por su análisis, intentando aportar a la construcción de una sociedad mas justa y en paz.

También en Pitalito fue líder parroquial, promotor de vocaciones sacerdotales. Lo vimos en marzo de 1980 pegar en cartulinas fotos de periódicos que daban cuenta del crimen del que fuera víctima en El Salvador, el obispo, hoy beato de la iglesia, Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Luego los fijó  en las paredes de la parroquia de la Valvanera, como expresión de  su denuncia a los criminales que  del poder, que segaron la vida a Monseñor, a aquellos  que se ofenden con toda vida que se despliega con la libertad del espíritu de Dios.

La recta final de su vida en la ciudad de Neiva, fue de entrega total a mi mamá  Virginia, a sus hijos, hijas, nietos, nietas, nueras, bisnietos quienes continuábamos bebiendo de  su experiencia, de sus historias, sus acrósticos, sus  cantos con los que hacía viva su fe en el tradicional pesebre y con sus infaltables caminatas a la  misa dominical en el Templo el Limonar.

Gracias papá por habernos dado la vida, por amarnos tanto, por convertirse en el espejo en que nos podemos mirar para ser mejores hombres y mujeres, por hacernos reír tantas veces, por complacernos, estimularnos,  contradecirnos, corregirnos. Gracias por la fuerza de sus convicciones que nos permitieron afianzar las nuestras.

Gracias por haber sabido entender la grandeza de mujer que es nuestra mamá Virginia y mostrárnosla como paradigma de vida. Muchas veces nos dijo “su mamasita es una santa, deben seguir su ejemplo.  Su merced y ella supieron decirle SI A LA VIDA. A la que se gesta desde el vientre materno, hasta las vidas de todas las especies de la creación.

Gracias papá por creer, junto con mamá, que el amor es un arte, es una decisión, y ustedes decidieron que fuera eterno. Ustedes, Papá y Mamá quisieron amarse para toda la vida y lo cumplieron. Estos 65 años de amor son la prueba fehaciente de ello. En estos últimos 20 días de su vida, sumerced, papá, desde la Unidad de Cuidados Intensivos, en la que mantuvo hasta el último segundo intacta la conciencia,  repitió  un mensaje para mamá: “dígale que la quiero mucho”. Y desde ahí, también repitió, mientras nos daba la bendición que nos quería mucho a  nosotras y a nosotros.

Gracias papá por la paz, serenidad, bendiciones, oraciones,  apretones de mano, besos, cantos, bailes, expresiones faciales, tarareo de canciones con las que también nos llenó de inmensa paz en estos últimos 20 días de su vida. Siempre mantuvo la lucidez mental en este paso definitivo a la eternidad.  Gracias por aceptarnos ser parte de ese encuentro familiar, de amigos, amigas, sobrinos, nietos, bisnietos, de donde sin saberlo, ni nosotros imaginarnos, se despidió con tanta felicidad en ese compartir propiciado por uno de nuestros hermanos queridos en los primeros días de noviembre de este año.

Gracias queridas y queridos familiares, por estar aquí, por hacernos sentir que la familia trasciende los límites de nuestro círculo familiar. Compartimos los sentimientos de este paso a la trascendencia con sus hermanos que aún están vivos: nuestro tío  el padre Alonso, nuestra tía  la Hna Liliana, nuestro tío Marcos,  nuestro tío Julio, nuestra tía María y nuestro tío Melanio. Todos presentes aquí en persona o través de sus representantes.

Gracias a las enfermeras, médicos y todas las personas de la clínica Encosalud que brindaron los cuidados a su alcance a papá en los  últimos días de su vida. Con ustedes soñamos en Unidades de Cuidados Intensivos que puedan facilitar este transito de nuestros seres queridos con mucha más presencia de los familiares.

Gracias amigas y amigos entrañables que están aquí, que se han hecho presentes con sus mensajes de aliento, con su compañía. Nosotras, nosotros los sentimos y las sentimos como parte de nuestra familia. Ustedes, lo sabemos, han dejado escapar también lágrimas por la ausencia física de papá por el dolor que nos causa este paso que como familia hemos dado.

Ustedes  nos han hecho   llegar  mensajes  de cariño, solidaridad y esperanza desde Oporapa, Pitalito, Neiva, Popayán,  Buenaventura, Curvaradó, Cacarica, Dabeiba, Medellín, en Bogotá, Bélgica, Francia, Alemania, España, Cuba, Estados Unidos, Canadá,  mensajes de cariño, solidaridad y esperanza. Gracias por su valiosa amistad expresión del amor filial  que deseamos seguir manteniendo como un legado de papá.

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