“Ningún falso positivo se dio al azar” autor del libro Ejecuciones extrajudiciales en Colombia

Foto: Portada del libro

Por Nicole Jullian

6 de marzo de 2018

Omar Eduardo Rojas, sociólogo y coronel retirado de la policía, y Fabián Leonardo Benavides, historiador y coordinador del Centro de Estudios Socio-Históricos »Fray Alonso de Zamora« de la Universidad Santo Tomás, iniciaron una compleja investigación sobre lo que sin duda es uno de los capítulos más dolorosos -y a la vez menos esclarecido- de la historia reciente de Colombia: Las ejecuciones extrajudiciales. El resultado de esta investigación ha sido recientemente publicado por la editorial de la Universidad Santo Tomás bajo el título »Obediencia ciega. En las profundidades de campos de batalla ficticios: Ejecuciones extrajudiciales en Colombia, 2002-2010«. Contagio Radio habló con Omar Rojas sobre estos campos de batalla ficticios en los cuales habrían sido asesinados 4.475 civiles inocentes según datos de la Fiscalía General de la Nación a enero de 2015.

Nicole Jullian: usted prestó 31 años se servicio a la Policía Nacional de Colombia, y paralelamente se tituló de sociólogo. ¿Usted se adentró en la temática de las ejecuciones extrajudiciales como policía o como sociólogo?

Omar Rojas: Esto fue un poco al azar. Antes de que en Colombia se hablara de falsos positivos, le hablo más o menos del año 2007, yo me encontraba realizando labores de policía en un departamento de la costa. Resultó que un agente que no dependía de mi me dijo que necesitaba llevar a la fiscalía a una persona que le estaba contando de unos “casos”. Este agente desconfiaba de los oficiales de la zona y hasta de su propio comandante. Entonces yo ayudé a trasladar a esta persona. Unos 6 meses después me enteré por medio de las noticias de la ejecución extrajudicial de 16 muchachos, los que fueron presentados como terroristas muertos en combate. Pero definitivamente el tema me interesó analizarlo desde la sociología. Comencé a recopilar cuanta información e investigación había sobre los mal llamados »falsos positivos«, a tal punto que cuando me pensioné de la policía me dije que tenía que hacer algo con todo el material acumulado. Primeramente me acerqué a la Universidad Nacional sede Medellín, pero con el tiempo los profesores que había contactado comenzaron a desistir de participar en la investigación. En ese tiempo morían asesinadas unas 28 personas en Medellín y estos profesores temían por su vida. Yo continué igualmente con la investigación y al tiempo establecí contacto con la Universidad Santo Tomás, más exactamente con el Centro de Estudios Socio-Históricos »Fray Alonso de Zamora«, quien finalmente decide colaborar con la investigación y fungir como casa editorial.

NJ: En el libro hay un capitulo que se refiere a las »profundidades de las ejecuciones extrajudiciales«. ¿Cómo es que ustedes se adentraron en la profundidad de esta temática tan compleja? ¿Pudo usted entrevistar a ex colegas de la policía, tuvo acceso a altos mandos militares?

OR: Lo que hicimos fue meternos en la subjetividad de victimarios, de víctimas y de otras personas que de alguna u otra manera estaban contextualizados con este fenómeno. Definimos 5 grupos que queríamos entrevistar: militares y policías activos, militares pensionados, familiares de miembros de las fuerzas armadas, familiares de víctimas de ejecución extrajudicial y un quinto grupo que no eran ni miembros de las fuerzas armadas ni tampoco familiares de víctimas. Metodológicamente lo que buscábamos era poder ubicarnos en el pensamiento de cada uno de ellos. Nos llevamos grandes sorpresas. Por ejemplo todavía en Colombia en el año 2018 hay sectores de la sociedad que se atreven a negar las ejecuciones extrajudiciales. Muchos militares niegan que eso haya ocurrido, sus familiares también lo niegan, pero incluso también hay ciudadanos del común que afirman que los falsos positivos son un invento de los enemigos de la política de seguridad democrática. Le puedo decir Nicole que son muy contadas las personas que realmente se interesan por la real magnitud de este flagelo. Mientras la Fiscalía General de la Nación tiene referenciados aproximadamente 4.700 casos de ejecución extrajudicial, la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) se refiera a unos 5.700 casos. Ahora en conversación con algunos victimarios, ellos estiman unos 10.000 casos. La otra sorpresa fue confirmar que no sólo los militares coordinaron estas ejecuciones extrajudiciales, sino que también personal del INPEC. Por otro lado, las investigaciones han venido mostrando que la política de recompensa que ideó el Estado colombiano fue un factor decisivo al momento de concretar estas ejecuciones. Esa política de recompensa sí existió. Ahora, al profundizar en la investigación nosotros llegamos a la conclusión que los falsos positivos se diseñaron para justificar la política de seguridad democrática. Había que mostrar resultados de tal manera que la sociedad pudiera percibir que era esa política de seguridad la que estaba acabando con la guerra en Colombia.  

NJ: ustedes dicen en el libro que los soldados rasos involucrados en las ejecuciones extrajudiciales fueron presionados por sus superiores de tal modo que éstos creyeran que actuaban cumpliendo con un deber patriótico. ¿Cómo entender que estos soldados no tuvieran consciencia de los crímenes que cometían?

OR: Esos victimarios son muy bien adoctrinados. Se les convenció de que ellos eran la moral de la sociedad, que ellos fueron llamados para salvar a la sociedad. Desde ese momento los militares iniciaron una guerra contra la sociedad, el enemigo no sólo era el que se había declarado ideológicamente desde hace décadas, sino que también se comenzó a asesinar a campesinos, indígenas, líderes sociales. Inclusive en estas ejecuciones extrajudiciales cayeron también militares. Sí, dentro de las víctimas de falsos positivos hay miembros de las fuerzas armadas. Yo he conocido el caso concreto de un soldado que empieza a cuestionar estas prácticas. Sus compañeros se dan cuenta de esto y al tiempo, en otro simulacro, este militar es asesinado por sus propios compañeros, haciéndolo parecer como víctima de un supuesto enfrentamiento con la guerrilla. Así, el que no estuviera de acuerdo tenía que callarse, de lo contrario sabía cuáles eran las consecuencias. Ahora hay que decirlo, no todos los integrantes de las fuerzas armadas de Colombia estuvimos de acuerdo con las ejecuciones extrajudiciales mal llamadas como »falsos positivos«. Hay muchos altos mandos que han ganado cada uno de sus grados con base en excelentes prácticas, sin la necesidad de delinquir. En este sentido, y esta es otra conclusión de nuestra investigación, si no hay una reestructuración total de las fuerzas militares en Colombia, es muy posible que el fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales se vuelva a repetir en el país. Y hablo de una reestructuración no a un nivel de organigrama, sino que hablo de un cambio total. Las fuerzas armadas tienen que replantear su norte. Y es que mire lo grave del asunto: para el periodo 2002-2010 se puede observar que muchos militares y policías no actuaron respetando la constitución, sino que colocaron una referencia por encima de ésta. Su lealtad era hacia una ideología, hacia una doctrina que se ubicó por encima de la constitución. Por eso es que se dan los falsos positivos. Si bien la constitución prohíbe la pena de muerte, con los falsos positivos se evidencia que en Colombia se utilizó de facto la pena de muerte. Es más: si observamos la política de defensa en el periodo estudiado encontramos que comandantes y oficiales comienzan a ser evaluados ya no por sus logros en materia de seguridad y lucha contra la criminalidad respecto al narcotráfico, robos, etc., sino que por el número de terroristas dados de baja. Entonces de alguna manera la lógica de ascenso y de éxito profesional al interior de las fuerzas armadas se reguló por los golpes certeros que se dieran a los terroristas. Y obviamente los incentivos económicos jugaron aquí un rol esencial. Las entrevistas confirman que hubo mucha gente que volvió esto un negocio. La guerra es un negocio y si hay guerra, también hay corrupción.

NJ: ¿Hay algo que usted quiera decir como cierre de esta entrevista?

OR:Ningún falso positivo se dio al azar. Muchas investigaciones judiciales nos ayudaron a entender esto como un engranaje criminal. Los falsos positivos responden a una estrategia bastante bien planeada que tiene un antes, un durante y un después. En el antes se ponían de acuerdo cómo iban a hacer el operativo, en qué departamento, quién conseguiría a los muchachos que serían presentados como guerrilleros muertos en combate. En el durante ocurría la ejecución extrajudicial como tal y se daba a conocer el supuesto enfrentamiento entre militares y guerrilla. Y en el después los soldados recibían instrucciones precisas respecto a lo que tenían que declarar al momento de los interrogatorios, de tal modo que no descubrieran lo que realmente estaba ocurriendo. Entonces, si pensamos en que hay aproximadamente unos 4.475 civiles inocentes víctimas de falsos positivos, el personal militar y policial involucrado en orquestar estos montajes responde a un número bastante alto, lo que nos lleva a concluir que la tesis de las manzanas podridas no tiene ningún sentido. Hasta la fecha unos 5.000 miembros de las fuerzas armadas están siendo investigados por los falsos positivos. 5.000 miembros distribuidos por todo el país coordinando estas prácticas en diferentes unidades militares. Entonces es insostenible decir que se trató de ruedas sueltas o manzanas podridas.

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