Más papistas

Foto: Kervin García

Por Camilo De Las Casas

El extremismo religioso excluyente está a la vista en tres hechos de estas semanas. Las presiones del diario El Colombiano  sobre su columnista Yohir Akerman por haber usado unos textos bíblicos en los que cuestionaba la tesis pseudo científica de la Universidad de La Sabana, según la cual el homosexualismo es una enfermedad. El periodista tuvo que renunciar. La tapa fue hace pocas horas la Pontificia Universidad Bolivariana que prohibió a sus estudiantes escuchar al canta autor catalán Manu Chao.

El espíritu godo sigue siendo dominante en las religiones de raíz cristiana, una seria contradicción pues desdice del espíritu emancipador de su inspirador, Jesús el de Nazareth, del que se sostiene en interpretaciones más libre pensadoras, que no creo una religión, menos una institución de poder, ahora multiplicada, en muchas iglesias, sino un estilo de vida, como parte de un proyecto de transformación histórica con bases  o principios contra la exclusión y la dominación.

La posición que la facultad de medicina, de la confesional del Opus Dei, esgrimió se produjo como parte de una suerte de peritazgo para la Corte Constitucional sobre la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo. Tesis sin base científica que desconoce eso sí investigaciones que datan de 1930 en donde se demuestra que la homosexualidad no es una enfermedad, a lo que se suman posteriores hallazgos probados, uno de ellos, los niños que conviven en un hogar de una pareja del mismo sexo, no les conduce a una orientación sexual del mismo tipo.

No era de extrañar esta censura de El Colombiano, un periódico al servicio del Centro Democrático, que trata de mostrarse como pluralista desde hace unos años, pero que ya mostró su garra en éste caso y en recientes elecciones. Tampoco puede extrañarse de la Universidad del Opus Dei, Universidad, donde se prohíben determinados textos, y  donde César Mauricio Velázquez, el ex funcionario de Uribe, que tiene responsabilidades en operaciones ilegales del DAS, ofició como profesor. Pero también, que no decir de la Pontificia Universidad Bolivariana, de la Arquidiócesis de Medellín, que ha contado con grandes inspiradores filosóficos como el ya fallecido Cardenal Alfonso López Trujillo, perseguidor de los religiosos de la llamada Teología de la Liberación.   

Todo parece ser una dramática coincidencia que refleja un sustrato cultural excluyente, hipócrita, y maniqueo en el que se continúa sosteniendo el establecimiento y su institucionalidad política, económica y religiosa. Lo sorprendente es  quizás que la posición de las iglesias cristianas o centros de culto cristianos como la que dirige Darío Silva, por nombrar una de las más conocidas es la misma del catolicismo. La exclusión o negación de los otros, logra lo que el macro ecumenismo no ha hecho posible.

La mentalidad interpretativa de los textos que ellos usan respecto a la libertad de expresión y la libertad de la persona humana es de la premodernidad. Ni los argumentos de las disciplinas sociales, incluso, la propia interpretación bíblica liberal que comprende los textos de una manera contextual y no literal son válidos para llamar a las iglesias, a las universidades, y al diario El Colombiano, a reconocer realidades que no son fruto de los que ellos llaman demonio y pecado.

Se trata de realidades propias de la condición humana, tan antiguas, como el tiempo del encuentro social afectivo de la especie humana. El hecho que un hombre puede amar otro hombre  o una mujer a otra mujer no significa que haya una actuación deliberada contra la naturaleza humana o una incapacidad de corrección de la persona humana de algo que es natural, pero que en los cánones religiosos de esas iglesias,  es visto como una perversión. No extraña entonces, que Vivian Morales, la ex Fiscal liberal; los predicadores católicos y cristianos coincidieran en presionar a la Corte Constitucional para que estos no aprobaran la adopción por parte de parejas gais.

Olvidaron eso sí, esos cristianos, que esa homosexualidad no es un vicio, es una orientación y una opción de realización, que incluso muchos de sus borregos lógicos y sus propios jerarcas las exploran y la desarrollan, por supuesto hipócritamente a escondida. O que olviden que el propio Jesús, del que ellos afirman era ser humano, tal como lo refieren, unos apóstatas de esa fe, tuviera relación con alguna mujer, y no propiamente, una relación solamente espiritual, también física y afectiva.

Esto demuestra que la pelea por las ovejas es más por taquilla que por asuntos de fondo. El casi unanimismo religioso frente asunto de la política pública como es el de los derechos que reivindica un sector de la población constata que ni la gracia ni la justicia que ellos predican anda por ahí. ¿No es acaso injusto incidir para que a unos ciudadanos se les niegue un derecho? ¿Acaso el derecho de los ciudadanos a su libre elección está subordinado al pensar de una iglesia? ¿O es del sentido de la Universidad prohibir a sus estudiantes escuchar las expresiones estética de un rockero, qué hace homenaje a las trabajadoras sexuales, a los perseguidos, a los ilegales, a la marihuana, al amor, al agua, a la tierra, contra las operaciones extractivas mineras a cielo abierto, el respeto a los árboles y animales? ¿De qué ética, de qué moral están hablando las iglesias?

La visión de esos sectores de las iglesias y sus seguidores como los dueños de El Colombiano solo continúan acentuando ese maniqueísmo que ha inducido y que ha justificado la violencia en Colombia. Para ellos, los comunistas, que son todos lo que no profesen la fe, aquellos que no son seguidores de ese Dios, muchas veces confeccionado para el mercado, no merecen entrar al reino de los cielos, y quizás para ser del reino, hay que ser liberal, conservador, de la U o de Cambio Radical, de Centro Democrático y Opción Ciudadana, lo demás es pecado.

Hoy hay muchos monseñores Builes, dispersos en muchas iglesias, que se refieren a la gracia de dios que lo salva, sin importar por supuesto la justicia, el reconocimiento de la dignidad humana. Poco hablan de paz con justicia social, y cuando hablan de paz, por lo menos los católicos, lo hacen de la mano del poder, no de las víctimas. Hace poco Santos, el Vicepresidente, y el Procurador General de la Nación se les vio de rodillas en un templo de una Arquidiócesis de la Costa, semanas después, hacia curso un Plan Nacional de Desarrollo que profundiza la exclusión, y Ordoñez salía con un catálogo de venta de víctimas de las guerrillas, ocultando las víctimas de Crímenes de Estado. A eso juegos y en esos juegos están sectores de las iglesias, es su ética institucional, o guardan silencio o amparan la impunidad de los de arriba. Si esos son los jerarcas, del conocimiento en la predicación y en la universidad, ¡qué podemos esperar de tantos borregos de la fe, ante un país tan desencuadernado!. Así que bienvenidos muchos  Yohir y Manu Chao, por si alguna vez, las iglesias se convierten en ecohumanismo.

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