Más de lo mismo

Por Camilo De Las Casas .

3 de mayo de 2015

En el mundo de las percepciones volvemos al mito del eterno retorno. Nada cambia, solo un poco la edad biológica  de algunos protagonistas, el país padece de marasmo. Esto lo expreso a partir de escuchar las reacciones respecto a las recientes encuestas que bajan a Santos y suben a Uribe

Las encuestas reflejan lo que percibe un amplio sector del país urbano que ni padece el conflicto armado, que vive de la imagen mediática del pensamiento único con matices entre  Santos Vargas y Uribe Ordoñez, y que cree que vive en una democracia. De eso hablan las encuestas contratadas por los medios empresariales mediáticos

Nos hablan de un país estructuralmente conservador, emocional, pasionalmente de derechas y eso no nos debe extrañar. Santos que podría actuar como un liberal no lo hace, su frialdad y cálculo no le permiten ser más osado, se ha ido quedando corto, muy corto con su apuesta en la solución del conflicto armado. Aprovechó electoralmente a sectores de centro y de izquierda, y ahora,  los ha ido dejando a un lado, pues se siente más cómodo con la derecha. Sus cercanías con Uribe son mayores, aunque guarde distancia en determinadas formas, al final, es más fácil que ceda con él, como lo ha hecho siempre con el Procurador, a quién ni siquiera le imposibilitó su reelección. Nos hablan evidentemente de como ellos se pelean y se juntan, de cómo los quiere la gente, unidos en contra del terror, así sean ellos, los monstruos a los que hay que temer.

Este país de derechas se alimenta del  morbo de la guerra, por eso adora a los militares, más allá de su responsabilidad en el paramilitarismo o en los mal llamados “falsos positivos”, y los ama porque es la forma más inteligente, con el uso de la fuerza, ocultar los intereses políticos y económicos de los que dominan el país y la humanidad. A ellos, a los que viven de la guerra les es funcional cada error en la guerra o cada papaya del movimiento social que se insubordina. A ellos  les produce más réditos porque es connatural con el machismo nacional el que los “violentos” sean silenciados con más fuerza, es propio del país patriarcal y la lógica de los machos que llevamos dentro el “le pego en la cara marica”. Así todo se arregla. Ese país de valientes hace héroes a los villanos, justo por eso, porque son la expresión de la fuerza. Ese país narco, ese país de los atajos, ese país maniqueo, en que lo privado no tiene nada que ver con lo público, en que lo ético no existe como un valor sino como un obstáculo a los fines; ese país del  catolicismo con multiplicidad de iglesias cristianas, que se diferencian más que en asuntos doctrinales, en el modo como logran cautivar con nuevas formas de comunicación en que lo personal no se vincula con lo social, ese país nacional está distante de otro proyecto de país. Así es pero no lo queremos ver porque todo lo vemos como técnicas  de la manipulación pero no todo es de ese tono.

Ese otro pueblo, ese de las víctimas sociales, del terror del Estado, del ambiente y del desarrollo, ese que se expresa en movimientos sociales, o en las múltiples fracciones de la izquierda, o simplemente, que no se expresa políticamente ni socialmente, porque no se siente representado, sigue ahí, disperso, sin mucha imaginación de o con sus dirigentes o no se identifica con lenguajes que no enamoran sino que traen al presente el demonio del comunismo que come niños, como lo logró caricaturizar el establecimiento y los partidos políticos tradicionales y como se demonizó en la Doctrina de la Seguridad Nacional..

Vale la pena escribir de esos que se niegan a marchar porque como siempre, ya se sabe que al final vendrán los gases lacrimógenos y las detenciones,  y así, nuevamente, ese ciudadano que podría ser otro rebelde, sin papas, que no haría pintas que le hablan a los mismos, se acercaría y expresaría su oposición a algo que lo muele por dentro un sistema caníbal, inhumano, contra planetario.

Sí porque aún esas expresiones populares, llamadas alternativas y clasificadas de izquierdas buscan e intentan construir otro país, siguen en la misma retórica, atrapados en sus discusiones ideológicas o ideologizadas, que encubren  intereses mezquinos o protagonismos malsanos, que imposibilitan crear lo nuevo.  Esa inteligencia del discurrir ideológico debería inspirar lo bello, no la ideologización que lleva al sectarismo. La inteligencia colectiva desde lo alternativo debería comprender que la gente está hastiada de lo mismo, y lo mismo son las mismas formas de la protesta y las mismas maneras de comunicar las causas y de construir la esperanza.

¿Por qué de que sirve tener la razón, si esa razón no convence, no conmueve, no moviliza las mentes y las sensibilidades?, ¿De qué sirve tener la verdad de la injusticia, si está no logra ser comunicada eficazmente para que una voluntad de cambio y de esperanza crezca o renazca?, ¿De qué sirve marchar, si al final el esfuerzo de sumar voces en una voz, termina en lo mismo, en la dispersión generada por los saboteadores, pero una y mil veces, por los propios militantes, que en vez de acercar, espantan?

Las encuestas son como una fotografía, son un momento de percepción, es la expresión de una emoción, de una opinión, y esa opinión pública está definida en la expresión urbana, y esta se encuentra en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, con el perdón de los críticos, así es, reflejan ese poder del ciudadano que sostiene un estatu quo. Si las críticas contra las encuestas se sostienen por la empresa que la produce o por la empresa mediática que la paga, nos seguimos pensando con invalidez. La encuesta nos dice más que de esos poderes empresariales, lo que deberíamos ver para cambiar la percepción, la emocionalidad que debemos conmover para hacer posible que esos perceptores sean parte de esa apuesta por un nuevo país. Lo grave de la encuesta no es la encuesta misma sino como los opinadores las interpretan para generar matrices de opinión, para mover a un cierto nivel de decisiones. La derecha pretende forzar a las FARC EP y al propio e ELN a la pax neoliberal, a la pax exprés sin resolver los asuntos de fondo. La encuesta favorece a Santos y a Uribe, arrinconar a  los disidentes en armas, reforzar el imaginario de los héroes tradicionales los militares.

Mientras sigamos a la defensiva o contra la encuestas o contra la posibilidad de imaginar de otra forma la protesta, nosotros seremos parte de ese marasmo, cómplices de esa cultura política conservadora, extremadamente conservadora, que más que llevarnos a la paz deseada, nos acercará a las nuevas formas del fascismo en el que todos seremos felizmente dominados. Si la crítica asume que las encuestas son solo percepción manipulada estamos lejos de avanzar en generar otra opinión, otra matriz. Ellos son poderosos pero no son tanto, pero la miopía si puede afectar las posibilidades de avanzar en otro proyecto de país, nos hace cómplices de esas formas de marxismo en ciernes.

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