Los crímenes que no existen

Por Superandianda - 

En Colombia pesan más unos muertos que otros. Todo es cuestión de la “publicidad” que los medios le dan a la noticia; nuestra cultura para la guerra es de tal tamaño que hemos logrado no solo una total indiferencia ante las víctimas del conflicto que no hacen parte de nuestro bando –posiciones de malos y buenos formados por nuestros dirigentes y promocionados por nuestros periodistas periodistas-  sino también tenemos la gran capacidad de ser crueles celebrando golpes y caídas como lo anuncian los titulares de las noticias.

En mayo, el  Informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en el marco de los diálogos de paz de la Habana, denunció 53 casos de niñas violadas por soldados y contratistas de EEUU durante la ejecución del “plan Colombia”.  La noticia fue dada sin el despliegue que un acto violento como este debería tener. Esta poca y nula información que brindan los noticieros  de los canales privados sobre la responsabilidad del estado y las consecuencias de las operaciones militares, no pueden ser minimizadas por los medios nacionales de comunicación si se hacen llamar libres e imparciales.

Es tan corta la memoria del colombiano, que es capaz de meter en el archivo del olvido masacres como la del Salado y matanzas como la de Caloto, que dejó 20 indígenas asesinados para despojarlos de sus tierras; la de Trujillo, que dejó 107 campesinos muertos; hechos que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos ha condenado por unanimidad al Estado colombiano, pero que de manera mezquina no son condenados por quienes no han padecido el calibre de  estos actos y solo poseen memoria televisiva: los colombianos de a pie.   Es  larga la lista de caídos del conflicto que sin poseer armas, uniforme y fusiles, han sido ejecutados y archivados en la historia de nuestro país;  no solo han sido víctimas de la negligencia del estado, sino de la poca atención que le prestan a crímenes que pasan inadvertidos y con una corta nota por los noticieros.

Los crímenes que no existen son aquellos que los televidentes de  RCN y CARACOL no guardan en su memoria televisiva porque para estas empresas y sus periodistas los asesinatos, los delitos y la violencia de este país es solamente cuestión de vender publicidad y ponerla de moda. Esta semana no vimos a Vicky Dávila, Natalia Springer, Darío Arizmendi o a Julio Sánchez Cristo rasgarse las vestiduras por las familias de los 26 guerrilleros asesinados en el Cauca -aunque ellos lo nieguen también hacen parte de la lista del conflicto-,  no alzaron su voz fuertemente con sus micrófonos por estos muertos, y es que así como existen miles de hechos violentos que estos periodistas no señalan, así mismo es  la lista de personajes que le hacen un gran daño al país con su información manipulada, parcial y vendida.

En Colombia se propaga la voz del poder y no la voz del  pueblo, su sentido de pertenencia por el país es el de los empresarios y multinacionales, son simplemente teléfonos rotos que retransmiten el mensaje mal fundado, equivocado y parcial que los responsables de 50 años de guerra quieren que difundan. De manera ignorante cada colombiano es un móvil publicitario del estado, los idiotas útiles que se alzan el pantalón en contra de las minas antipersonales son los mismos que celebran las bombas del ejército y los ataques aéreos que desplazan al campesino de su tierra.

Sin escuchar medios alternativos de información es imposible abrir un nuevo debate, donde todos sean actores y víctimas con la misma importancia. Cada acto violento debe dejar de ser dividido entre actuaciones malas o buenas, si es que cada una de esas actuaciones suma más muertes para la historia de nuestro país. Hay que invitar urgentemente a desarmar nuestra cultura, a rechazar a los enemigos del proceso de paz. Es imposible dar un paso adelante si todos, siendo del mismo país, aún nos vemos enemigos y diferentes.

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