Libertad de expresión lo llaman algunos

Foto: AndrewPalace

Por Eleuterio Gabón 

Se hace llamar Matisyahu y se trata de un cantante de reggae estadounidense de origen judío. No es una personalidad destacada ni especialmente relevante, tampoco parece muy comprometido políticamente sin embargo sí ha manifestado su apoyo a las estrategias del gobierno israelí en relación al conflicto palestino. Ha actuado para su ejército y para quienes mantienen la tesis de que los palestinos son un pueblo lleno de terroristas.

El revuelo viene cuando el Rototom, el festival de reggae más importante de Europa, con más de veinte años de historia en los se promueve la paz, en el que participan diferentes movimientos sociales y se hacen conferencias sobre los derechos humanos, decide invitarlo para la edición de este verano. Rápidamente surgen las protestas y en concreto desde el colectivo solidario con la causa palestina BDS (Boicot Desinversiones y Sanciones para Israel) del País Valenciano, lugar donde se celebra este festival desde hace 5 años. Los organizadores del Rototom, al parecer, más preocupados por una publicidad negativa que por los principios que promulga el festival, deciden cancelar la actuación de Matisyahu.

Es entonces cuando la historia salta a la primera página de los principales medios de comunicación. Periódicos principales españoles como el “progresista” El País y El Mundo, lanzan editoriales acusando de antisemitismo y judeofobia a adiestro y siniestro y poniendo el grito en el cielo ante semejante caso de discriminación racista. No tardó en aparecer el gobierno español, artífice de la represora ley Mordaza, exigiendo que se cumplieran los principios de la libertad de expresión. También se ha dado voz a los embajadores israelís que para hablar sobre el caso han querido recordar, no ya el nazismo, sino los tiempos de la Inquisición española. Tampoco han faltado los intelectuales judíos que no dudan en aseverar que el antisemitismo que durante el siglo pasado tuvo su origen en las fuerzas de la extrema derecha europea, está actualmente reapareciendo desde la izquierda radical.

Así los grupos de poder mediático y buena parte del político españoles, han cerrado filas en apoyo incondicional con la estrategia que han seguido los sionistas y afines, la de hacerse las víctimas por un tema de supuesta discriminación racista a Matisyahu por ser judío. Resulta obvio que la campaña contra la actuación de Matisyahu no vino por su condición étnica o religiosa sino por justificar actuaciones criminales contra el pueblo palestino. Del mismo modo que la izquierda que defiende la causa palestina no es antisemita, sino que denuncia la actuación concreta de un gobierno y un ejército opresor. Sin embargo la presión que se ha ejercido sobre el festival, la criminalización siniestra contra los compañeros de BDS y la exhibición de victimismo, ha sido tan desmesurada como efectiva. El Rototom ha vuelto a invitar al artista y ha pedido disculpas.

Mientras tanto, al otro lado de la costa de Benicassim, localidad mediterránea en la que se celebra el festival, a menos de 4 mil kilómetros de distancia se encuentran las costas de Gaza, la que sigue siendo la prisión a cielo abierto más grande del mundo. La famosa franja que Israel no se decide nunca a invadir totalmente porque prefiere mantenerla como lugar de pruebas para su industria armamentística y de inteligencia militar. Un lugar sometido a bloqueo desde 2006 por el gobierno israelí que no permite la entrada de alimentos, medicinas ni material de construcción. El mismo lugar donde el verano pasado sin ir más lejos, el ejército israelí masacró a más de 2000 palestinos, 500 de los cuales eran niños. Matisyahu tiene un tema en el que canta estoy dejando caer bombas sobre vuestras madres hasta que os rindáis”. Libertad de expresión lo llaman algunos.

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