La violencia después de la guerra

Foto: Min. Defensa

Por: Johan Mendoza Torres 

27 Jul 2016

Es difícil realizar una lectura de la realidad colombiana en un momento histórico tan particular, en donde a veces parece que la memoria de los colombianos no alcanza para recordar ampliamente toda la barbarie que ha vivido el país; y en particular, por obra y gracia de la dependencia enfermiza que algunos tienen con la inmediatez de la información masiva, resulta en ocasiones, absolutamente difícil procesar dos fenómenos sociales diferentes a la vez.

¿Es lo mismo la guerra que la violencia? Por supuesto, intelectuales airosos saldríamos a resolver esta inquietud con gracia, retórica y alcurnia, no obstante, y como parece habitual, este tipo de distinciones no tienen un escenario de exposición en la cotidianidad, son cuestiones que no se responden rápidamente y por tanto, el vacío teórico se puede llenar de mucha opinión, de mucha emoción, e incluso: de oportunismo… (Al mejor estilo de un prófugo como Oscar Iván Zuluága, que vive alentando contra Santos por Skype…. ¡¡patético!!)

El proceso para lograr el fin de la guerra con la guerrilla más grande del país, es una cosa que tiene motor, buenas llantas y combustible para llegar bastante lejos. No obstante, la violencia como fenómeno sistemático, se resiste a quedar inscrita en el clima de paz, en la retórica de la paz, en la idealización de una realidad que tal como van las cosas no alcanzará para todos. La clave de la distinción, debe pasar por encima de las conclusiones airosas y ciegas, que llevan a asegurar que si hay violencia durante un paro, entonces que quemen la mesa de la Habana, ¡¡por favor!! No. Tal como nos decían en primaria, no se pueden sumar peras con manzanas, y viceversa. Que la guerra se acabe, que se acabe ya. Pero la violencia es un fenómeno que desplegará aún más antiguas y crónicas facetas, y pesará con más fuerza sobre los sectores que no tienen más armas para negociar, que su confianza en las instituciones democráticas… ¿Pero y si dichas instituciones están secuestradas por unos pocos?

La violencia que se viene después del fin de la guerra, está materializada en el fenómeno de represión contra el movimiento social y contra las organizaciones civiles, un fenómeno que se ha presentado desde siempre en Colombia, más allá de las formas ideológicas que tomó la guerra en el país, más allá de los despistados que aseguran que en Colombia no hay movimientos sociales, o mencionan que la guerrilla fue dueña de todo movimiento social emergente en el país.

La violencia después de la guerra, es el regreso a la autenticidad de un Estado que en las circunstancias actuales, es incapaz de ejercer democracia. La muerte de Luis Orlando Saiz en el último paro, demuestra que la movilización social será el foco adversario de un Estado secuestrado por gerentes y oportunistas, ¿o gerentes oportunistas? ¡¡Bueno da igual!! La violencia después de la guerra, será impulsada por los medios informativos más grandes del país con sus posiciones editoriales cargadas de interés particular y pintadas con falacia democrática.

La violencia después de la guerra no sólo será la muerte de manifestantes a manos del Esmad; la violencia después de la guerra es la forma en que serán tratadas, comprendidas y narradas dichas muertes, muertes que no tendrán una disculpa presidencial, muertes a las que se les cargará de atributos para considerar que fueron consecuencia de la gente y nunca de la represión policial, muertes que serán recordadas porque antes que una disculpa, que una reparación, se condecorará a los asesinos vestidos con el traje de la institucionalidad, protegidos por el discurso mediático, y que envueltos en el show de la mala fama, podrán hacer lo que quieran con el movimiento social en Colombia.

La violencia después de la guerra, es la que deja al campesino, al estudiante, al trabajador, al manifestante ante la triste realidad de que si lo mata el ESMAD, siempre será su culpa, si lo mata el ESMAD, el primer sospechoso será el muerto, si lo mata el ESMAD es porque al final ¿quién lo mandó a luchar por sus derechos?; está claro, la evidencia sistemática de que la violencia será lo que se viene después de la guerra fue lo que pasó con Luis Orlando: lo mata el ESMAD, condecoran al ESMAD…total ¿Qué hacía en la calle buscándose lo que no se le ha perdido? ¡¡¡eso es violencia pura!!! Esa es la violencia después de la guerra… peras no son manzanas, que no vengan los uribistas ahora a abogar por los manifestantes, cuando durante todo su gobierno no hicieron más que matarlos… peras no son manzanas, que se acabe la guerra, sin duda… pero preparémonos para la violencia después de la guerra… preparémonos porque si a nuestra gente no las están matando en las calles y carreteras, esos pocos de siempre les darán medallas y aplausos a los asesinos.

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