La verdad no se puede aplazar

Foto: Nelsón Cárdenas

Campaña “Vivamos Este Sueño” del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH)

1 Jun 2017

El Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, en Bogotá fue el escenario en que se firmó el 5 de abril el Decreto 588 de 2017, que da pie a la creación de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV). En el acto participaron el Presidente Santos, el Ministro del Interior y, sobre todo, las víctimas. Fue un día importante para ellas, pues se materializó una exigencia histórica de las víctimas del conflicto colombiano: la creación de una Comisión que tenga el mandato de abordar el esclarecimiento de la verdad del conflicto, como necesidad para la garantía de los derechos de las víctimas, pero también como posibilidad de construir, a partir de esa verdad, un nuevo proyecto de país, donde el conflicto armado ya no esté presente. Además, ese fue un día importante porque el Decreto se logró con una participación activa de las víctimas y sus organizaciones.

La CEV hace parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR), un modelo que pretende integrar de forma conjunta mecanismos que den respuesta a todos los derechos que han sido considerados a nivel internacional como fundamentales de las víctimas de graves violaciones de derechos humanos. Consideramos que tras un conflicto tan complejo y prolongado como el colombiano, la verdad debe ser la columna vertebral del SIVJRNR. El trabajo de la Comisión va a resultar clave entonces en varios sentidos; de un lado, para ayudar a entender las dinámicas del conflicto, que pueda servir como marco para el funcionamiento de las otras instancias del SVJRNR; de otro, ese trabajo de la Comisión tiene un potencial único para el reconocimiento de las víctimas y sus dolores, pero también de su capacidad de resistir y reconstruirse a sí mismas y sus proyectos de vida. Así, este mecanismo, que condensa una exigencia fundamental de los movimientos de víctimas, cobra entonces especial relevancia en el momento en que nos encontramos.

Tras los últimos pronunciamientos de la Corte Constitucional hay temor respecto a sus decisiones futuras y a cómo éstas puedan afectar a la implementación del Acuerdo de paz. Parece que la “plebitusa” ha vuelto al clima social tras esas decisiones de la semana pasada, que hace temer el fin del proceso de paz. Ese temor se extiende también al Decreto de la CEV y a su puesta en funcionamiento. Aplazar, una vez más, el inicio de los trabajos de la CEV puede tener un impacto muy doloroso en quienes más le han apostado a su creación, pero también en la sociedad en su conjunto. Es necesario, y urgente, dar vía libre a la Comisión, pues esto puede ayudar a construir confianza en la implementación del Acuerdo, esta vez en beneficio de quienes más han sufrido la violencia. Igualmente, el propio trabajo de la Comisión, que va a incluir escenarios de participación directa, como audiencias territoriales o actos de reconocimiento, donde se escuche la voz de las víctimas, pueden convertirse en elementos clave que permitan creer que “esta vez sí va en serio”. La Comisión se convierte entonces en estratégica para recuperar la confianza de la sociedad en el proceso y en la paz. Además, si lo que se busca con el posconflicto es la consolidación de la democracia y el respeto de los derechos humanos, las lecciones internacionales dan cuenta de que esto se logra únicamente con una combinación simultánea de medidas judiciales y extrajudiciales. Un SIVJRNR que comience a funcionar sin herramientas que, como la CEV, se establezcan como garantías para la satisfacción del derecho a la verdad se queda cojo porque carecería de la potencialidad para lograr transformaciones más profundas.

Igualmente, no hay que olvidar el nombre completo de la Comisión, que incluye, no sólo el esclarecimiento de la verdad, sino también la convivencia y la no repetición. Contribuir a estos objetivos es también parte de su mandato, y son elementos clave en todo proceso transicional. En una sociedad donde la violencia ha tenido un efecto tan grande y, como consecuencia, se han generado divisiones tan profundas, es urgente que empecemos a pensar en mecanismos dirigidos a cerrar las heridas de la violencia. La CEV es un mecanismo concebido precisamente para eso. Por el contrario, el clima político de estos meses de implementación ha continuado en la polarización que caracterizó los años de conflicto armado; cuanto más se acercan los procesos electorales de 2018, más parece intensificarse esos enfrentamientos que usan ahora el Acuerdo de paz como la excusa y que se trasladan a la sociedad constantemente. El proceso de esclarecimiento de la verdad tiene la potencialidad de contribuir a una resolución de esos conflictos sociales, develando las dinámicas y lógicas que subyacieron a la violencia política.

En el momento en que nos encontramos, tenemos que mirar hacia adelante, hacia un futuro donde reconstruir relaciones a partir de la memoria y del reconocimiento del otro. A ello le apunta la CEV. En un evento reciente en el marco de la campaña Vivamos este sueño, que impulsa el Comité Permanente por la Defensa de los derechos humanos (CPDH), ante la pregunta “¿cuál es tu sueño?”, alguien nos escribió “Sueño con caminar sin miedo, sin desconfianza. Volver a creer en los otros. Vivir en paz”. La paz, y la verdad con ella, no se pueden aplazar.

Por: Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos


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