La desviación del arroyo Bruno: llamemos las cosas por su nombre

Foto: Censat

Por CENSAT Agua Viva  

26 Abr 2016

En los últimos meses hemos conocido la grave situación de hambre y sed que vive el pueblo guajiro, sin embargo, aunque el gobierno debería dar respuestas estructurales para enfrentar la situación, la respuesta es todo lo contrario, Corpoguajira otorgó a la empresa Carbones del Cerrejón Limited tres permisos necesarios para la desviación del Arroyo Bruno. Intervención necesaria para ampliar la frontera extractiva. ¿Qué significan estos tres permisos? dejémonos de eufemismos y llamemos las cosas por su nombre.

Primero, el permiso de ocupación del cauce debemos leerlo como fractura del arroyo, la dinámica del Bruno va a ser interrumpida, el flujo del agua será desplazado 700 metros por fuera de su curso natural;  la actividad minera que pretenden instalar en el cauce fragmentará la conectividad ecosistémica de la Serranía del Perijá, el río Ranchería y los Montes de Oca. Corpoguajira asegura que en el nuevo cauce el arroyo mantendrá su agua superficial, pero justamente lo que ha permitido la permanencia del Arroyo es que su agua no está expuesta constantemente en la superficie, gracias a la hidrodinámica regional y local, hoy el arroyo  logra ir hacia capas más profundas y con esto nutre los acuíferos y filtra posibles patógenos, además se resguarda de la alta radiación solar y las consecuentes altas tasas de evapotranspiración. Exponer las aguas del Arroyo Bruno a la superficie aumenta la pérdida de agua en forma de vapor a la atmósfera: menos agua para el Río Ranchería, menos agua para albergar en acuíferos y en otras palabras menos agua disponible para la región.

Segundo, el permiso de aprovechamiento forestal puede leerse como deforestación del bosque seco tropical (BST). El desvío y con éste la deforestación de extensas áreas de BST aledañas, iría en detrimento de uno de los ecosistemas más amenazados en el país, se aumentaría la desertificación que a su vez impide la producción agrícola y pecuaria en la zona. Colombia hace parte de la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la Desertificación y la Sequía por lo cual las instituciones deberían cumplir sus objetivos de prevenir la degradación de las tierras, especialmente en zonas secas y áridas como La Guajira y atender la situación de sequía no de manera coyuntural y paliativa, sino considerando las causas estructurales del problema.

Tercero, el permiso de levantamiento de veda solicitado se podría traducir como aumento de riesgo de extinción. Este permiso fue solicitado por Cerrejón debido a que Corpoguajira en la Resolución 0096 del 20 de enero del 2014, había restringido el área a deforestar para la desviación del Bruno, basándose en la importancia de proteger los bosques de galería que rodean el Arroyo, así como en la necesidad de proteger algunas especies forestales con veda permanente por estar amenazadas de extinción y que están listadas en el Acuerdo 003 emitido por la misma CAR en 2012, dichas especies son: Bulnesia arborea (guayacán), Tabebuia bilbilgi (puy), Platymiscium pinnatum (corazón fino) y Lecythis minor (ollita de mono).

Todo lo anterior da cuenta del accionar de la institucionalidad colombiana en relación con lo ambiental; presentan un discurso de preservación y ostentación de lo mágico y salvaje e intentan mostrarse como ecológicamente responsables, pero sus acciones están dirigidas a favorecer las actividades de empresas mineras que atentan contra las naturaleza en todas sus formas.

La preocupación sobre la desviación del Arroyo Bruno debe llevarnos a reflexiones amplias sobre este tipo de proyectos, pues para dimensionar los conflictos es necesario tener en cuenta que la del Bruno es sólo una de las múltiples intervenciones a cuerpos de agua que el Cerrejón propone en su Plan Integral de expansión minera: el mismo Bruno tiene proyectado para el año 2020 una segunda modificación de 9,3 km, además tienen previsto la modificación de los arroyos Cerrejón, Tabaco, y del Río Palomino. Según el Cerrejón, con la desviación del primer tramo del Bruno, el río Ranchería dejaría de recibir 4,4 litros por segundo en época seca, es decir 11 millones de litros mensuales. Si a esta disminución de caudal en el Ranchería sumáramos los impactos de las otras intervenciones nombradas y si además tenemos en cuenta las denuncias de las comunidades locales, que indican que por la actividad minera han desaparecido más de 20 cursos de agua en la región ¿qué podríamos esperar para el futuro de la cuenca del río Ranchería? ¿cuál el futuro del agua en Colombia? ¿asistimos al sacrificio de esta región?.

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