Esto no es paz ni democracia

Superandianda 

23 Jul 2015

Es preocupante el número de aspirantes a cargos públicos sin ningún tipo de formación política ni ideológica, sin ningún tipo de trabajo social.  Así como existe una ciudadanía mediocre así mismo son los candidatos que la van a representar, pero lo que es aún más inaceptable es que personas con antecedentes penales, investigaciones y nexos con narcotraficantes y paramilitares sigan encabezando las listas de los partidos políticos.

Los carteles de los avales -ese mecanismo que reparte licencia a todo aquel que pueda comprarla y llegar al escenario político a como dé lugar, sin importar de donde venga, que antecedentes traiga o que procesos con la justicia deba aclarar- nos prometen que si nuestro sistema político ha demostrado ser pobre y corrupto, en las próximas elecciones puede serlo aún más. Cuando Juan Manuel Santos invita a Colombia a saber votar me pregunto: ¿qué tipo de control tiene el estado para garantizar a la poca ciudadanía, que ejerce “su derecho al voto”, un mecanismo transparente, si más de la mitad de aspirantes son unos pillos y maquinarias de la corrupción? ¿Cómo podemos construir el postconflicto si nuestros futuros representantes han estado vinculados directamente con quienes han desangrado y violentado nuestro país?

Quisiera tomar como ejemplo a Santander: Convergencia Ciudadana, fundada por Luis Alberto Gil y Hugo Aguilar, partido político vinculado con paramilitarismo, que ha sufrido los cambios de nombre o “razón social” primero como PIN y actualmente como Opción Ciudadana, ha logrado establecer un monopolio político en la región, siendo   vergonzosas no solo las investigaciones a sus representantes, ni las campañas electorales que promueven Hugo Aguilar para Carlos Fernando  Sánchez y Richard Aguilar para Holder Díaz, lo que realmente causa vergüenza, no son los avales cuestionados como el que otorgo el partido Liberal con Horacio Serpa a Didier Tavera para ser candidato a la gobernación de Santander, investigado por asesinato y nexos paramilitares ,hijo del narcotraficante Ernesto Tavera,  sino el total apoyo de toda la región a dichos personajes con “polémica” procedencia y procesos judiciales aún sin definir. Con su larga lista de antecedentes,  son aplaudidos y purgan sus vínculos cambiando de partido político o razón social,  pasando el poder de cabeza a cabeza, de padre a hijo, de esposo a esposa,  de hermano a primo, de delincuente a delincuente.

Y como el anterior ejemplo muy triste es el panorama nacional, parece ser que los partidos que han llevado el poder durante años se han convertido en Convergencia Ciudadana y que los candidatos que avalan son Didier’s Tavera’s, donde lo que menos importa es tener una propuesta real, donde no pertenecer a la mafia se vuelve un punto en contra. La semana pasada escuchaba la entrevista a un estudiante manifestando su inconformismo  por el rechazo del Partido Verde a su postulación como candidato, teniendo toda la formación académica que un aspirante debería tener, Julio Sánchez Cristo si hubiera estado en frente se le hubiera reído en la cara, aunque lo hizo con voz burlona, le preguntaba de donde le había saltado la loca y absurda idea de ser candidato sin ningún tipo de  vínculo con el poder, realmente fue insultante pensar que en un país que llaman democrático para aspirar a participar en política lo que menos importa es la formación académica o programa de gobierno. Causa repugnancia pensar que nuestro aparato democrático es un cartel de mafiosos que llevan practicando el mismo mecanismo corrupto y Colombia no reaccione, al contrario, se haya convertido en complice de todos estos sinvergüenzas. Dicen que en este país se está luchando contra la discriminación, pero la discriminación no es solo sexual y racial sino también política y social, contra esa nadie lucha.

Creo en la democracia, pero no en esta democracia que se vende al mejor postor y donde me niego a  ser representada por  narcotraficantes y paramilitares, también defiendo el proceso de paz pero no puedo ser ingenua y sumarme a la propaganda que promete que para que acaben todos nuestros problemas solo es cuestión de un acuerdo con las FARC. No podemos hablar de postconflicto sin una lucha directa contra la corrupción, así como es urgente desminar a Colombia es urgente erradicar la cultura mafiosa de la que todos hacemos parte. Si hoy fueran las elecciones lo más digno sería no votar y aunque sé que no es solución tampoco es solución hacer parte de una fiesta de ignorantes y vendidos.

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