13 años desplazado, la vida de un Taita Wounaan en Bogotá

Fotos: Bernardino Dura-CONPAZ
15 Mar 2017

Sercelinito Piraza Burgará tiene 65 años, nació en la vereda Malaguita, municipio el Litoral del San Juan, Chocó. Vivió 10 años en la Quebrada Pajonal mientras que las tierras este lugar fueron aptas para sembrar, cuando la familia se trasladó al río de Togoroma, ubicado a 2 horas de viaje por el Océano Pacífico, en terrenos que pertenecían a Félix Antonio Ismare, su tío materno. Su padre decidió quedarse para sembrar banano, plátano, maíz y yuca. En una temporada de cosecha de maíz, Felix mandó a llamar a su cuñado para que viajara por 15 días a recoger parte de lo producido, el hombre no quiso dejar al pequeño Sercelinito y lo llevó consigo mientras realizaba el trabajo.

Estando en plena recolecta, recibió un llamado de urgencia en el que le comunicaban que su otro hijo había fallecido ahogado en el río San Juan. Apenas se enteró de lo ocurrido, salió cuando el reloj marcaba las 6 de la tarde, logrando volver a su casa hasta las 10 de la mañana del día siguiente. Al llegar encontró que todos en la familia estaban llorando, preocupados por encontrar el cadáver desde hace 5 días, restos que aparecerían río abajo en la comunidad de Burjon, lugar en el que finalmente lo enterraron. Como Sercelinito era pequeño no lo llevaron al funeral de su hermano.

La tristeza y angustia que sintió el padre de Sercelinito por el fallecimiento de su hijo, lo llevó a tomar la decisión de abandonar del todo su finca en Malaguita e irse a vivir al río Togoroma con toda la familia. Se organizó el viaje río abajo a remo en una balsa de madera, empleando 4 días para llegar a su destino. Durante los primeros meses de su traslado una vez volvían a su finca a cuidar los productos que allí se daban: chontaduros, guamos, caimitos destinados al consumo de la familia. Con el paso del tiempo al padre de Sercelinito le daba tristeza ver las condiciones en que se encontraba por lo que decidió dejarla en abandono y radicarse definitivamente en su nuevo hogar.

Desde los 8 años de edad, Sercelinito empezó a ayudar a sus padres en las labores de la tierra, sembrando plátano, maíz, yuca, banano, papachina y árboles; yendo a rozar caña, y a coger maíz. A los diez años tumbaba árboles de 20 pulgadas hasta de 25 pulgadas tomándole hasta 2 horas para derribarlos con hacha. “A mi más gustaba la pesca, la cacería con el perro mataba animales y salía en la tarde a la casa, en ese tiempo no había colegio ni escuela por eso no pude estudiar”, recuerda con nostalgia.

“Cuando tenía 15 años empecé trabajar cortando madera para vender a la empresa maderera (acerillo) , cuando había creciente iba solo a bajar la madera cuando ya estaban donde iba hacer el balso”. Sercelinito buscaba bejucos para amarrar los 50 troncos de 3 metros y llevarlos al lugar donde la empresa se la compraba a 10 pesos por pulgada de la época, dinero que le alcanzaba para sus necesidades personales que se incrementaron cuando decidió unirse libremente a los 20 años con Carmela Ismare, una joven de 15 años.

Sercelinito

Sercelinito y su compañera Carmela

En el año 1966, las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús llegaron al río Togoroma, preguntando ¿por qué la comunidad no tenía escuela?. Felix Antonio, Carlos García y Juan, mayores de la comunidad, realizaron una reunión para evaluar la posibilidad de construir una escuela. Es así como en 1976 con ayuda de todas y todos empezaron a levantar una casa destinada para la enseñanza en un espacio ubicado a 500 metros de distancia del río. Las clases iniciarán anteriormente en una casa de familia de Barbarito Donisabe con la profesora enviado por la Diócesis de Istmina.

A su llegada, las hermanas estaban interesadas también en saber si en el lugar practicaban la artesanía. Sercelinito aseguró que realizaban con el chocolatillo canastas, cundú, y papeleras y petacas para guardar la ropa. Las religiosas le propusieron viajar a Bogotá a vender algunos de estos productos. Sercelinito dudó porque no conocía la ciudad, las hermanas le dieron la dirección e indicaciones para llegar al sitio donde las podía vender. Recogió el trabajo de las mujeres de la comunidad y viajó durante cuatro días para salir del Bajo Calima hasta Buenaventura y de ahí a la capital, donde logró vender todo lo que llevaba para luego devolverse a su comunidad. De esa forma Sercelinito se convirtió en artesano. Los jarrones de werregue, fruteros en madera con tejido borde en werregue elaborados por las mujeres eran vendidos una vez al mes en Bogotá, convirtiéndose en el ingreso económico de la comunidad.

foto: Bernardino Dura indígena Wounaan

Jarrón en Werregue elaborado por las mujeres Wounaan

En 1998 llegó al Bajo San Juan un hombre haciéndose pasar por Jesucristo, tratando de engañar las cinco comunidades. Entonces los líderes de esa nueva religión prohíben a Sercelinito vender la artesanía, y el trabajo de jornales porque no quiso creer en lo que proclamaban. El falso profeta prohibió a la población creyente la educación, la salud y relacionarse con los que no fuesen creyentes. Por causa de esto fallecieron 14 personas por el virus del cólera, pero los líderes a escondidas usaban medicamentos. Como líder natural de la comunidad, Sercelinito se atrevió a salvar de manera clandestina a 20 personas de esa religión.

A pesar de las circunstancias, Sercelinito continuó trabajando con la artesanía cada día más, dando oportunidad a las comunidades vecina del Río San Juan, situación por la cual empezó a ser amenazado verbalmente por delincuentes pensando que tenía mucho dinero. Estando en Buenaventura con su hijo, dos hombres llegaron preguntado su nombre, asegurando que le buscaban y le iban a asesinar. Ante tal amenaza debió permanecer en esa ciudad y cambiar la ruta de Bogotá hacia Cali para despistar a quienes le seguían, pero ni así se despistaron “cuando estábamos en el carro para viajar, llegaron dos personas motorizadas preguntando dónde veníamos viajando, gracia a Dios el conductor dijo que no sabía lo que preguntaban y los hombres entraron al terminal mientras el carro arrancaba con rumbo a Cali.

Eso ocurrió durante el año 2003. Sercelinito no pensó dos o tres veces desplazarse a Bogotá, llegando el 28 de abril con toda su familia, dejando todas sus pertenencias en el territorio. “Llegué donde una amiga llamada María Esperanza en el barrio Primero de mayo, quedando hospedado un mes, luego busque apartamento en la localidad ciudad bolívar en el barrio el Lucero”, estando ya radicado, el 14 de Julio fue a declarar ante la oficina de la personería de Bogotá su presente situación.

Sercelinito

Sercelinito en su casa en Ciudad Bolívar

“Cuando llegue desplazado a la ciudad de Bogotá fue muy duro para mí, ya no era como en el territorio porque teníamos que pagar el servicio y la vivencia, es diferente que del territorio, soportando todas las dificultades de vulnerabilidad por el desplazamiento sin conocer el derecho como víctima por el estado, pero por medio de la gente me oriente para ir a cruz roja internacional, nos ayudaron con el mercado para tres meses”.

"En el 2006 me encontré con un fundación Azucare, ellos ayudaban para conseguir la vivienda. Nos dijeron que cada familia tenía que consignar cien mil pesos, reunimos las cinco familia para buscar quinientos mil peso y consignar a la fundación. Eso no se dio al final, al ver que no nos iban a dar busque asesoría con la Unidad de víctimas y caja vivienda, después de tanta lucha logramos conseguir la vivienda para las cinco familias que hoy gracia a Dios vivimos en ellas".

El taita Sercelinito dice que él estaba pensando en retornar a su territorio de origen, pero viendo la situación que hay todavía en el campo y además la comunidad le están tumbando la finca sin su consentimiento, lo que le motiva a continuar en la ciudad de Bogotá. A pesar que hay el acuerdo de paz firmado la FARC y  el Gobierno, no es garantía de seguridad a la población indígena en su territorio porque se están organizando otro grupos más violentos.

En el 2007 al ver que ya no podían controlar a los miembros etnia de los problemas que se venían sucediendo al interior de la cinco familias y a los jóvenes quienes estaban haciendo desorden, impulsaron a sus miembros a pensar cómo solucionar el problema, ya que los jóvenes robaban las cosas domesticas de la casa y la vendían para poder comprar el vicio como bazuco, perico y bóxer. En las familias había un señor llamado Ramiro Piraza Ismare quien propuso conformar un cabildo familiar para resolver el problema,. nombrando con unanimidad como gobernador al señor Sercelinito Piraza Burgará, el único mayor que había.

Hoy este cabildo está fortalecido porque todos lo que venían desplazados forzados de los territorios están unidos para exigir y reclamar el derecho como víctimas del conflicto armado de este país en la ciudad de Bogotá, localidad Ciudad Bolívar en el Barrio Vista Hermosa. A pesar de que el Estado no le han reconocido como cabildo legalizado, la población indígena Wounaan Nonam ha venido haciendo gestiones ante las instituciones como el Ministerio del Interior para que le reconocieran su derecho como víctimas del conflicto armado, pues de tanta lucha que vienen haciendo ahora en la ciudad debería reconocerse y respetarse su determinación como cabildo liderado por el Taita Sercelinito Piraza Bugará.

bernardinoComunicador de CONPAZ, Bernardino Dura Ismare de la comunidad de Pichimá Quebrada
Como parte del trabajo de formación de Contagio Radio con comunidades afros, indígenas, mestizas y campesinas en toda Colombia, un grupo de comunicadores realizó una serie de trabajos periodísticos recogiendo las apuestas de construcción de paz desde las comunidades y los territorios. Nos alegra compartirlas con nuestros y nuestras lectoras.
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