Notas sobre el nuevo acuerdo FARC-Estado

Foto: Farc

Por  Cesar Torres del Río 

18 Nov 2016

Y bueno, una de las incertidumbres de hoy es qué postura asumir frente al nuevo acuerdo. El anterior texto nos era conocido y junto con millones de colombianos llamamos a votar por el SÍ en el plebiscito que se convocó para el 2 de octubre de 2016; un SÍ sincero, con convicción; un SÍ político, activo; un SÍ para que el conflicto armado terminara y las Víctimas (todas) fueran reconocidas como tales; un SÍ de lucha y de resistencia; un SÍ por la verdad histórica y judicial.

Hoy estamos frente a una realidad diferente. Independientemente de que el triunfo del NO haya sido producto del fraude y de la proyección del miedo y el oscurantismo religioso, se ha convalidado en los hechos. Por eso hay un nuevo texto, un nuevo acuerdo.

Cuando llamamos a votar por el SÍ dijimos al mismo tiempo que las FARC no nos representaba; no en un sentido individual sino colectivo, por supuesto. Hoy reafirmamos ese criterio. Nunca hemos confiado en el stalinismo ni en la socialdemocracia; y las FARC tienen tanto de uno como de la otra.

Escuchar y leer el discurso de Iván Márquez luego del nuevo acuerdo produce náuseas. Iguales, o peores mejor, a las que sufrimos cuando Tsipras, el griego, luego del referendo popular que votó que NO, dijo que sí, que él aceptaría el paquete neoliberal de la troika; iguales, o peores, mejor, a las que sufrimos cuando el PSOE, el español, decidió abstenerse para que el franquista Rajoy siguiera gobernando.

Tiempos difíciles vivimos y tiempos difíciles se avecinan. Los mayores de Occidente hablaban de “malestar en la cultura”, de “crisis de la civilización”; por su lado los mayores-otro (y sus hijos-otro)  nos advertían (advierten) de la crisis del colonialismo (Césaire), de la crítica de la razón negra (Mbembe) y de los condenados de la tierra (Fanon). Efectivamente, asistimos a la crisis globalizada del capitalismo, de la modernidad (Marx); sufrimos la guerra permanente y su corolario termidoriano: el Estado de Excepción mundial y su dispositivo biopolítico y cosificador.

Por eso hoy un discurso como el de Iván Márquez, de aceptación, de conformismo, de adaptación frente a lo real-moderno genera animadversión. Está hecho a la medida de la ideología del “progreso”, de la razón ilustrada, del tiempo histórico cerrado e infinito, del “desarrollo” y de su teodicea justificatoria. Es tramposo incluso cuando apela al Dios universal  para que bendiga el nuevo acuerdo, porque los creyentes  vencidos saben  que son vanas palabras colocadas para impresionar y captar incautos.

Con todo, el nuevo acuerdo aún contiene aspectos - debilitados eso sí -  que hay que sostener: la figura del delito político, la justicia transicional y el derecho a la Verdad con epicentro en las Víctimas.

El Nuevo Acuerdo es, claro, uno entre dos partes: FARC y Estado. Con total independencia frente a ellas lo haremos valer, en el entendido, primero, de que el  partido-frente que reemplace a la guerrilla ni copa el espectro democrático-antidemocrático ni será el  “representante” social del mismo y, segundo, de que es un comienzo que continúa la aspiración y la lucha por la democracia, la Verdad y la justicia eco-ambiental. Es por ello por lo que, tal y como está la situación, la mejor forma de refrendar el nuevo texto es por la vía del Cabildo Abierto.


Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de la Contagio Radio.
Compartir:

Los comentarios están cerrados.